La llamada de un ciudadano sirvió, ayer, para alertar a las fuerzas de seguridad de la entrada de 13 subsaharianos cuya embarcación a motor había llegado a la playa de Santa Catalina. De inmediato unidades de la Policía Nacional y Guardia Civil acudieron a la zona, consiguiendo localizar a los inmigrantes que habían emprendido la huida al verse ya en tierra firme. Todos ellos, varones y en buen estado de salud, fueron interceptados. Once de ellos a la altura del tanatorio, y el resto muy cerca de la zona. Por el camino quedaban algunas de las prendas de vestir que los inmigrantes habían arrojado en su escapada.
Todos los sin papeles fueron entregados a la Policía Nacional, para que las unidades de Extranjería se encargaran de filiarlos y trasladarlos hasta el CETI, siendo ésta la segunda de las entradas que se produce en menos de una semana haciendo uso de pequeñas embarcaciones a motor. La anterior se produjo en la tarde noche del viernes, cuando la Salvamar Gadir se veía obligada a entrar en aguas marroquíes para auxiliar a los ocupantes de una patera, que presentaba una avería en el motor, que había salido de Cabo Negro.
En el caso de marras, la embarcación –que quedó varada en la playa de Santa Catalina– tenía algo más de 4 metros de eslora y un motor de 20 caballos. La misma fue recuperada por el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, que la trasladó hasta puerto deportivo.
Los agentes del Marítimo, los GEAS y las patrullas de tierra permanecieron en la zona durante un tiempo para explorar el lugar ante la posibilidad de que hubiera más subsaharianos ocultos. No se hallaron, lo que no significa que hubieran podido llegar más a tierra ya que el desembarco se produjo antes de que las fuerzas de seguridad se dieran cuenta.
Las primeras hipótesis apuntan a que la embarcación (cuyo coste se estima en unos 2.000 euros que habrían pagado los inmigrantes) habría partido de la Bahía Sur desviándose hacia Santa Catalina por desconocimiento de la ruta o por la no sapiencia en la dirección de la patera. Tampoco se descarta que algún ‘barco nodriza’ los hubiera acercado hasta la zona, indicándoles a los subsaharianos que llegando a la playa del cementerio ya estaban en la península. Tal y como viene sucediendo en otros hechos similares, la embarcación no tenía patrón.








