No era una jornada de pesca. El barco Firdaus, una embarcación de pesca marroquí, llegó a la Bahía Sur de Ceuta con una carga muy distinta a la que cabría esperar de un pesquero: seis inmigrantes que habían pagado por ser trasladados desde la costa marroquí hasta territorio ceutí.
El hombre que pilotaba la embarcación, de nacionalidad marroquí, ha sido condenado por la Sección VI de la Audiencia Provincial de Cádiz, con sede en Ceuta, después de reconocer los hechos y aceptar una pena de tres años de prisión. El tribunal considera acreditado que actuó con ánimo de obtener un beneficio ilícito.
El viaje se produjo el 31 de agosto del año pasado, alrededor de la una y media de la madrugada. Procedente de Marruecos y ya en aguas de la Bahía Sur, el acusado dirigía el pesquero después de haber recogido a los seis inmigrantes, que habían abonado una cantidad de dinero cuyo importe exacto no ha podido determinarse.
Un pesquero, seis pasajeros y ningún chaleco salvavidas
El trayecto se realizó en unas condiciones especialmente precarias. Los seis inmigrantes viajaban hacinados en el tambucho de la embarcación y sin chalecos salvavidas, según los hechos declarados probados. El Firdaus tampoco reunía las condiciones exigibles para una navegación segura.
La embarcación carecía de deflector radar e iluminación y el acusado tampoco disponía de titulación náutica. A pesar de todo ello, el barco emprendió la travesía con los seis pasajeros a bordo con destino a la costa ceutí.
Una vez en las proximidades de la orilla de Ceuta, los inmigrantes fueron desembarcados. El patrón quedó entonces solo al frente del pesquero. Fue en ese momento cuando una patrullera de la Guardia Civil interceptó la embarcación y procedió a su detención.
El patrón terminó confesando
El acusado, conducido por agentes de la Policía Nacional, reconoció los hechos ante el tribunal y mostró su conformidad con la condena. De este modo, el procedimiento terminó con una sentencia condenatoria y una pena de tres años de prisión.
La condena deberá ser cumplida íntegramente, aunque se descontará de ella el tiempo que el condenado ya ha permanecido privado de libertad en la cárcel de Mendizábal.
El caso deja así la imagen de un “falso pescador” que utilizó un barco de pesca no para faenar, sino para realizar un traslado clandestino de personas. Un pesquero sin las condiciones mínimas de seguridad, seis inmigrantes escondidos en su interior y un patrón sin titulación acabaron convirtiendo aquella travesía nocturna en un delito de tráfico ilegal de inmigrantes y, finalmente, en una condena judicial.







Pocos marroquíes hacen algo sin que haya dinero por adelantado, ¿he dicho pocos?, perdón ninguno, aquí no cuenta ser hermano en la fe, ni familiar, ni vecino, ellos no dan nada por nada. Como decimos los catalanes "la pela es la pela", "la peseta es la peseta". Astaghfirullah
Muy barato. Hay que aumentar las penas.