Sé que ya no os oía.
Sé que mis patas ya no podían más.
Y sé que aquella última semana también os estaba rompiendo a vosotros.
Tenía 14 años.Para muchos quizá no sea tanto tiempo.Para mí, fue toda una vida.
Fuisteis mi hogar, mis paseos, mis juegos, mis siestas al sol y también mis últimos días, cuando mi cuerpo ya empezaba a apagarse.
El tiroides, la artritis, la demencia… ya no era vida para mí. Y aun así, seguisteis cuidándome hasta el último día. Incluso cuando ya no dormía, cuando lloraba por las noches y cuando caminar se convirtió en un esfuerzo.
Por eso hoy quiero daros las gracias.
Gracias por no dejarme acabar en un contenedor frigorífico, frío y sin nombre, donde los que fuimos familia dejamos de ser alguien.
Gracias por negaros a que mi final fuera ese lugar donde todo se vuelve indiferente.
Gracias por no permitirme desaparecer como si nunca hubiera importado.
Gracias por coger un barco conmigo.
Gracias por cargar conmigo, con mis 41 kilos y vuestro dolor, hasta Barbate.
Gracias por invertir vuestro tiempo, vuestro dinero y hasta días de trabajo solo para darme una despedida digna.
Porque despedirse también es amar.
Dos viajes. Esperas. Trámites. Silencios incómodos. Lágrimas contenidas
Y aun así, allí estabais.
Nunca me hicisteis sentir una carga.
Nunca me soltalteis la pata.
Nunca dejasteis de tratarme como a uno más de la familia.
Me dormí tranquilo.
Sabiendo que me iba querido.
Sabiendo que mi último viaje fue con vosotros.
Ojalá algún día ninguna persona en Ceuta tenga que salir de su ciudad para despedirse con dignidad de quien solo supo querer sin pedir nada a cambio.
Gracias por quererme también después de morir.
A mi familia humana.
Joe.







Y lo principal es decirte que lo siento que es por donde tenía que haber empezado.
Me siento tan identificada...totalmente. Hace dos meses cuando nos dijeron que Okio se iba lejos de nosotros, pero siempre en nuestro pensamiento y corazón,
Y hicimos lo mismo. Nos fuimos a Algeciras y contactamos con una Clínica veterinaria y después al tanatorio para su incineración. Se lo merecía y sin duda no lo íbamos a dejar de cualquier manera. Yo nunca pensé que lo quería tanto, pero ahora al leerte veo que como vosotros.
Mi niño, mi Okio te hecho mucho de menos.