El amor se busca, y se encuentra, y luego se derrama. Es un minúsculo instante, una forma de demostrar algo, de cerrar puertas, y encontrar los resquicios de algo tan bello como es la felicidad. Nadie sabe cómo hacerlo, pero todos podemos dar, recibir y querer expandirlo. Se asienta en nosotros, y sin el no podemos estar. ¿ Qué será?, ¿dónde se encontrará?, ¿quién nos lo puede facilitar?.
Tantas interrogantes y un solo camino, encontrar eso tan maravilloso, que nadie sabe cómo tropezar con él, pero que intenta llegar junto a aquello que desborda los embalses, y da el agua de la vida, los principios buscados, ese “maná”, que alimentó a un pueblo, esa piedra angular, que encuentra la solución. Somos el detonante de algo tan espectacular, tan excepcional como es el amor entre dos personas. Pero realmente nos lo cedieron, nos lo dieron, o es algo que tendremos que buscar siempre.
Cuántas sonrisas, cuántos desengaños ha arrastrado a esa palabra: amor.
Pero lo queremos y deseamos estar junto a él, y no encontrar la otra palabra contraria, que nos lleva al sufrimiento.
Amor: es nuestro devenir, nuestro desear, nuestro querer, es expandirse en un mundo donde parece que hemos llegado por la puerta trasera, cuando entramos en aquellos instantes donde no está presente.
Mi amor: te quiero.
¡Que bellas palabras!.
Qué fondo de certeza que nos brinda, y nuestro cuerpo camina tan feliz, tan recto hacia un lugar llamado Cielo.
Es la Gloria, es nuestro destino, nuestra alegría, nuestro deseo, tan cotidiano, como esperamos.






