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Poder y hacer

Por Germinal Castillo
01/12/2025 - 07:33
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Imágenes cedidas

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Quizás sea injusto, o quizás no, pero lo cierto es que hay personas a quienes, a ojos de la Historia, sólo se les recuerda por una frase concreta pronunciada en un momento muy determinado. A partir de ahí, lo que haya hecho, ideado o proyectado carece de importancia: todo se resume a una frase, o casi.

Algo parecido pasa con el emperador romano Tito Flavio Vespasiano (39 d.C – 81), más conocido como “Cayo Tito”. En uno de sus discursos en el Senado, el que acabó vencedor de la primera guerra judeo-romana afirmó que “las palabras vuelan, lo escrito queda”. Esa sentencia acabó derivando en “las palabras se las lleva el viento”, un dicho que empleamos, quizás, sin saber quién fue su autor.

Cierto es, pues, que las palabras no plasmadas en algo material suelen ser pasto del olvido, por ello las políticas suelen llevar a cabo sus afirmaciones trascendentales en sitios muy elegidos, ambiente muy cuidado y rodeadas de cámaras y micrófonos. Cuanto más importante y trascendental es la comparecencia, más esmerados son los detalles de la puesta en escena. Un clásico.

Esta máxima se verificó en junio de 2024 con José María Aznar. El escenario elegido fue un acto conjunto de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES, para las amigas), un think tank neoliberal ligado al PP y cuyo presidente es el propio Aznar. El otro convocante del evento era el Instituto Atlántico de Gobierno en el que se imparte el “Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión Pública”. Para sorpresa de nadie, ese establecimiento fue creado también por el mismo expresidente del Gobierno.

Allí, y en un tono apocalíptico, Aznar llamó a la movilización contra “la coalición de ultraizquierda que está gobernando España”. Un apunte: el hecho de que el expresidente del PP afirmase (y afirma) que las que gobiernan nuestro país son de “ultraizquierda” deja a las claras en qué grado de ultraderecha se encuentra él.

Sigamos. Con una retórica muy medida y una métrica meticulosamente calculada, el marido de la exalcaldesa de Madrid afirmó textualmente que “si tenemos en cuenta que está gobernando España una coalición de ultraizquierda que quiere acabar con el orden constitucional y con la continuidad histórica de España, pues entonces nos tenemos que movilizar." Además, añadió que “aquí se pueden hacer muchas cosas menos una, inhibirse. En esta situación que estamos viviendo, la inhibición no tiene hueco”.

Finalmente, como broche final, añadió su ya famoso “el que pueda hablar, que hable, el que pueda hacer, que haga, el que pueda aportar, que aporte, el que se pueda mover, que se mueva".

Lejos de ser sólo recordado por esta intervención (más quisiera él ser Cayo Tito), el devenir de la actualidad ha hecho que esas palabras, del que fuera presidente de Castilla y León, sean extremadamente recordadas en la rabiosa actualidad.

Algunas vieron en el discurso de José María Aznar el pistoletazo de salida de un ataque combinado por tierra, mar y aire al Gobierno presidido por Pedro Sánchez. Puede que las últimas noticias les den la razón, pero este no es el objeto de este Vitriolo porque de ese análisis ya se encargan otras más versadas sobre el tema.

Pero, y al hilo de que esa intervención está siendo muy citada en estos días, desde este H2SO4 se quiere subrayar que se está absolutamente de acuerdo con la última parte de aquella sonada intervención de Aznar: “el que pueda hablar, que hable, el que pueda hacer, que haga, el que pueda aportar, que aporte, el que se pueda mover, que se mueva”.

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Faltaría más.

Dicho lo cual, en esas estamos, claro.

Efectivamente, el señor Aznar tiene toda la razón y un poco más.

Ante el evidente y anunciado avance de la extrema intolerancia, toca reaccionar, toca hacer, toca hablar, toca aportar, toca moverse.

Así, coincidimos con el héroe del “trío” de las Azores”, frente a la ola de intransigencia calculada que ya ha empezado a asolar mentes y corazones, “la inhibición no tiene hueco”. Sin apelación posible.

Las apóstoles de un nuevo “amanecer dorado” han hecho lo de siempre, vestirse de bulos, y ampararse en inmoralidad a prueba de bombas para proclamar el fin de los tiempos.

Estas mensajeras del miedo rebosan de islamofobia, algo que les une siempre en los cruces de caminos. Su intolerancia hacia las más vulnerables y la defensa de los grandes capitales son su eterno santo y seña. Además, ante el auge de estos extremos, la derecha tradicional está escorándose aún más hacia un estribor duro y autoritario. Convendrán con este H2SO4 que, en no pocas ocasiones, se está haciendo difícil discernir quién es quién en el panorama político de las derechas. De hecho, las alianzas “derecha y extrema derecha en el Parlamento Europa lo corroboran. Ceuta, en esto, vuelve a ser una excepción. Bueno y justo es subrayarlo.

Prueba de lo expuesto en torno a la mimetización de ideas “derechiles” duras, es, de nuevo, el citado Aznar. El presidente de FAES acaba de descolgarse con otras declaraciones muy dignas de él afirmando que “España no tiene un grave problema migratorio porque la principal migración en términos generales es hispanoamericana. Una inmigración -dijo- que no plantea sustanciales problemas de integración. Viene a trabajar y no plantea problemas por razones históricas, culturales, religiosas y lingüística”, sostuvo en una entrevista en la radio de Jiménez Losantos.

Obviamente, no se iba a quedar ahí, la tentación era demasiado grande.

Así, con “hay otra inmigración que sí provoca problemas, la inmigración musulmana sí provoca problemas -insistió- porque la inmigración musulmana no quiere integrarse, quiere que la sociedad reconozca sus leyes. Esa es la diferencia” -terminó.

Eso, que se lo digan, por ejemplo, a mis amigos Azdid y Willa, dos ciudadanos marroquíes jóvenes que, tras llegar nadando a Ceuta, hubieron de ingresar en el polideportivo La Libertad durante la pandemia, luego en los albergues del Tarajal para, posteriormente entrar en el CETI. De Ceuta cogieron la ruta de Valencia para trabajar, como bestias de carga, en una chatarrería en la capital del Turia. Y como ellos, muchísimos más.

¿Una raya en el agua? Lamentablemente, no.

En Francia, el canal Cnews (ex iTelé) púlpito oficial del Vox francés, propiedad de un magnate ultracatólico de extrema derecha (Vicent Bolloré), focaliza todos los problemas de Francia en quienes profesan la religión musulmana. Tal cual. Racismo le llaman a eso. Así, sin paños calientes.

En España, Aznar parece haber abierto la veda para allanarle el camino a la extrema derecha con guiño a “El Yunque” incluido.

Para las despistadas, “El Yunque” es una organización secreta de origen mexicano, paramilitar, ultracatólica y obviamente de extrema derecha. Con implantación internacional, declara, como su primer propósito, “defender la religión católica y luchar contra las fuerzas de Satanás”. Nada menos.

“El Yunque” estaría, pues, tras otras organizaciones como “Oír” con una fuerte implantación en Vox, según ha asegurado el antes citado Jiménez Losantos.

El caso es que, ante el aluvión de hierro que se nos viene encima, puede que tengamos que mirar un poco más allá de lo evidente. Aunque produzca un cierto miedo el hecho de constatar la brutal realidad que parece imparable, nada desparece por arte de magia con sólo cerrar los ojos. Estas nacionalistas de rancio cuño y abolengo están siendo “alimentadas” por grandes fortunas que, invariablemente y no nos cansaremos de repetirlo, se sirven de estos mismos mecanismos cuando se verifican avances sociales.

Como siempre, las conveniencias conjuntas son las que hacen avanzar la maquinaria del odio.

EE.UU sueñan con romper la UE.

Rusia que fantasea con los imperios de los zares o de los estalinistas (tanto monta, monta tanto).

Países satélites que le hacen el juego a Washington o a Moscú.

Potentadas que no soportan la abolición de la esclavitud y añoran los tiempos en los que las menores de edad trabajaban en las minas.

Este “totum revolutum” forma una alianza de intereses que proyecta una deformada imagen de cruz gamada, pero cruz gamada al fin, defendiendo unas tesis fascistas que, erróneamente, muchas pensaban estaban desterradas en las mazmorras del olvido. Pues no, tesis fascistas y tribus de intolerantes están bien presentes en nuestras vidas

Así que…

Hablar. Sí, habrá pues que hablar sin parar, hasta que nos sangre la lengua si falta hiciese, para evidenciar sus contradicciones. Hablar y repetir, una y otra vez, que nuestras enemigas no son las que menos tienen y las más vulnerables. Hablar también, una y mil veces, de cómo, poco a poco, se está haciendo de la educación pública el gueto para las que no pueden pagar una educación privada sin que a nadie parezca importarle.

Hacer. Contrariamente a lo que proclaman las que exhiben banderas de la época franquista (ya está bien de “preconstitucional”, llamemos ya a las cosas por su nombre), tendremos que hacer entender que nuestras enemigas sí son las que explotan de forma inmisericorde a sus empleadas o las que hacen fortuna haciendo trabajar a menores en países pobres. También lo son las que se oponen a que nos podamos querer como nos dé la gana o las que votan “no” a las subidas del salario mínimo. En ese mismo equipo se encuentran las que se oponen a poner algo de control a las eléctricas (por ejemplo) o las que defienden las privatizaciones de los servicios públicos para engordar, aún más, los bolsillos de las de siempre. Tampoco se quedan atrás las que exigen regulación y mano dura con la inmigración pero ni mano dura ni regulación en torno al precio de las viviendas de alquiler. Es tan evidente…

Aportar. Tenemos el deber, ante las que niegan la emergencia climática e incluso frivolizan con las catástrofes naturales, de aportar nuestras opiniones cargadas de razones científicas para demostrar lo evidente: la temperatura del planeta sube por la acción descontrolada del ser humano, los polos se derriten, las aguas se comen la tierra de los continentes y, de seguir así, vamos a asistir a un incremento nunca conocido de las migraciones provocadas por estos cambios.

Mover. Cuando la tosca realidad les desmiente una y otra vez, utilizan las técnicas goebellianas y repiten, una y otra vez, una mentira sobre otra mediante sus hojas parroquiales subvencionadas hasta que, por fin, el hartazgo de sobrealimentación informativa falsa, hace creíbles sus falsedades. De libro.

Demasiado evidente para que les funcione, podrá usted pensar. Pues no, les funciona, y bien.

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Toca, pues, movernos ante tanta demagogia y tanto populismo que son sus enseñas preferidas.

Movernos para desenmascarar una argumentación basada en el engaño (paguitas, homofobia etc) a la que parece que nosotras ya somos inmunes visto que nos pasamos el tiempo, como las vacas que ven pasar el tren, mirando los tiktok del universo sin nunca cuestionarnos nada. Penoso pero cierto.

En sus programas económicos, las extremas salvadoras, y las llamadas derechas de toda la vida, vuelven a encontrarse e incluso a superponerse ideológicamente.

La supresión de impuestos es el paso definitivo para el retorno de un feudalismo que parecen añorar con fuerza. Explicación: si cortamos los ingresos a la caja pública, ¿Cómo creen que se va a financiar la sanidad, el ejército, los bomberos, los cuerpos de seguridad o administración? Pues, sencillamente, no se financiarán. ¿Consecuencias? Que las que tienen más verán sus ingresos multiplicarse a su costa ¿Por qué? Porque no sólo contribuirán menos (que ya es decir) a la hacienda pública, sino que lo que nos tendremos que gastar en servicios privados se ingresará en sus bolsillos pudientes. Fácil de entender.

Algunas de las muchas guindas de este pastel ultraliberal son los regalos fiscales de los que gozan las poderosas de mano de estas criaturas que están a su servicio. Si bien se les llena la boca de patria y de honor, como si a las demás no nos gustase nuestro país ni fuésemos dignas de tener honor, trabajan sin descanso contra su país.

El otro gran caballo de batalla es la inmigración. La inmigración pobre, claro. Por lo que sea, las oligarcas rusas les molestan menos. Por lo que sea, insisto.

El caso es que, si llegan al poder juran y perjuran que van a expulsar a quienes han llegado de forma irregular a España, sin contar con que una sola expulsión cuesta alrededor de 30.000 euros. Prometen blindar la frontera Sur con ingentes fondos para parar el fenómeno de la inmigración, sin querer explicar que la mayor entrada de migrantes en España, y con diferencia, se produce por el aeropuerto de Barajas, no por nuestras costas.

Eso sí, nadie quiere verificar si en los campos de nuestra amada patria están trabajando personas sin papeles y también sin derechos, al servicio de las grandes empresas. ¿No vayamos a joderla, verdad? Pues eso.

Como corolario sólo saben alentar el enfrentamiento, intentando hacer creer a los que cobran 1500 euros que los culpables de todo son los que cobran 400 euros, mientras que los que ganan miles de millones salen de rositas, y sin dejarse un chavo en la hucha de todas.

Es un claro intento de que los de segunda y tercera clase se maten a palos con los que viajan en bodega, y estamos picando. Una y otra vez. No aprendemos.

Usted, como siempre, sabrá lo que más le conviene, pero si las derechas extremas, las extremas derechas, y sus múltiples terminaciones políticas, mediáticas y sociales han podido llegar a pensar que nadie va a reaccionar, se equivocan. O eso esperamos.

Puede que nos tomen como esos árboles centenarios plantados en avenidas y parques para decorar como inmóviles mastodontes verdes hacedores de sombra, pero poco más.

Si fuese así, quizás sería bueno apuntar que, como escribía Maxime Leforestier en su texto “como un árbol en la ciudad”, nuestros cuerpos también pueden servir de barricadas.

“El que pueda hablar, que hable, el que pueda hacer, que haga, el que pueda aportar, que aporte, el que se pueda mover, que se mueva”, decía el que nombró a Rodrigo Rato, defendió la existencia de armas de destrucción masiva en Irak o afirmó que ETA era la autora de los asesinatos de los trenes de Atocha.

Nosotras, desde este H2SO4, estamos definitivamente en consonancia con los consejos de José María Aznar, aunque en nuestro Vitriolo lo hubiésemos puesto obviamente en femenino, nuestro género de expresión habitual desde hace ya varios años. Pero hasta eso pasamos por alto, tanto estamos en sintonía.

Así que, lo dicho, hablaremos, haremos, aportaremos y nos moveremos para que en nuestro país sigamos en la senda de la Igualdad. Le pese a quien le pese.

Y ahora, más que nunca, ese compromiso es firme. Que no lo dude nadie. Nunca.

Nada más que añadir, Señoría.

Enlace YouTube de la intervención de José María Aznar:

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