Cargado de pastillas. Nada menos que 106.200 de Rivotril. Así detuvo la Guardia Civil en la noche del 11 de septiembre de este año a un extranjero con residencia en España. Desembarcaba en Ceuta al volante de un Ford lleno hasta los topes de psicotrópicos.
24 horas después de que la Guardia Civil le pusiera los grilletes, entraba preventivo en la cárcel. Ahora ya sabe que esa será su ‘casa’ durante 3 años y 6 meses. Ha sido la condena dictada por el Juzgado de lo Penal número 2.
El llamado M.J. se encontraba en el puerto, en el control de salida, justo tras desembarcar procedente de Algeciras.
Los agentes que se encontraban de servicio procedieron a inspeccionar su coche, encontrando en los huecos naturales del salpicadero hasta 7.080 blíster de Rivotril, que son 106.200 pastillas.
Este lote ha sido valorado en 681.804 euros. Cuando los guardias civiles le registraron, llevaba en su poder 3.850 euros.
El reconocimiento del delito y la condena
Ante la autoridad judicial, el ahora condenado ha reconocido su implicación en un delito contra la salud pública, aceptando la pena impuesta de tres años y medio de cárcel.
Esa condena no se le suspende, pero se admite una expulsión a su país tras haber cumplido las dos terceras partes, salvo que sea capaz de demostrar arraigo.
Este servicio de la Benemérita se enmarcó en la hilera de investigaciones orientadas a vetar el tráfico de pastillas que sigue siempre la misma ruta: las traen a Ceuta desde la Península con el único objetivo de introducirlas en Marruecos, a sabiendas de que allí su venta incrementa los beneficios.
Un negocio orientado a Marruecos
Los aduaneros marroquíes han intervenido varias cargas, pero es un negocio redondo para las redes de narcos lo que convierte en imparable la llegada de coches que ocultan este tipo de drogas.
Los juzgados de Ceuta han dictado ya varias condenas por este tipo de delitos que asestan un golpe certero a un negocio orientado a Marruecos en donde este tipo de pastillas se emplean para la elaboración del karkubi.
La vía de tráfico es constante entre España y Marruecos ya que este tipo de pastillas se usa para preparar la denominada droga de los pobres que se realiza mezclando esas pastillas con hachís.
El consumo de esta sustancia junto con el alcohol o pegamento genera unos efectos muy dañinos.






