A las ocho en punto se producirá la imagen esperada, esa de la que se ha hablado en todo este tiempo y que está generando muchísima incertidumbre entre las familias. Hay miedo, además que las cifras de contagiados no ayudan. Hay temor a lo que pueda suceder. Es un miedo compartido por familias pero también por los docentes. Y es un reparo que todos entienden porque se está dando un paso muy importante en esta ‘nueva normalidad’ marcada por una pandemia que no cesa y que nos ofrece la peor de sus caras con la muerte de más vecinos de esta ciudad. Pero por otro lado debe prevalecer la confianza en que las cosas van a intentar salir lo mejor posible. Hay que confiar en los profesionales de la Educación y asimilar que los estudiantes deben recuperar el ciclo de sus estudios además de la normalidad. En estos momentos delicados, ahora más que nunca debe primar una responsabilidad común, una responsabilidad compartida para que, de haber contagios -que los habrá- sean mínimos y no generen picos importantes o mayores desgracias. Hoy, las mascarillas y los geles serán los protagonistas de una apertura de puertas diferente, de una entrada anormal, de una jornada en la que nada va a ser igual.






