Tonto, payaso, gilipollas, vete al mar, sinvergüenza, promarroquíes... El pleno celebrado ayer volvió a situarnos en el mapa mediático nacional y no precisamente para bien. Los titulares de los principales medios de comunicación se fijan en el foro plenario pero no por la política constructiva sino por el nivel de insultos y menosprecios, además de tensión, que vuelve a caracterizar la reunión de unos representantes públicos que no están desarrollando su labor de forma digna. Si en algo lleva razón el secretario general del PSOE, Manuel Hernández, es en exigir la aplicación del Reglamento de la Asamblea, algo que la diputada Fatima Hamed lleva tiempo reclamando. Solo así, aplicando el reglamento que debe ser conocido por todos los diputados -aunque las evidencias demuestran que no- se podrá cortar cualquier amago de tensionar la actividad política e incluso retirar a aquellos que no se comportan de acuerdo a la normativa.
El reglamento está para ser cumplido al dedillo, tanto en la extensión de las intervenciones como en los temas abordados, debiendo ceñirse los debates a su contenido. Pero esto lleva tiempo sin ser cumplido y el resultado lo tenemos en lo que sucede en cada sesión plenaria celebrada, que termina con insultos, amenazas y la actitud cobarde que está usando el Grupo Vox de deslizar acusaciones sin ser claro, como ayer hizo con el diputado Yamal Dris o con Juan Gutiérrez. Cuando uno acusa debe ser valiente, no usar el debate plenario para deslizar calificativos provocando que salte la chispa para luego esconderse, que es lo que está haciendo el número 2 de Vox mientras el 1 calla y azuza por detrás.
Las posturas de los partidos políticos debieron quedar claras en las distintas reuniones mantenidas específicamente después de la suspensión de los plenos. Pero no parece que fuera así cuando no hay contundencia ni se sabe llevar las riendas de los debates sin dejar espacio a quienes solo buscan reventar la situación.






