Hubo un tiempo en Ceuta –no tan lejano– en el que, mientras se disfrutaba de la tarde en la playa, no hacía falta ir al chiringuito o al establecimiento más cercano a por un aperitivo o la merienda. En el arenal había vendedores ambulantes que te llevaban hasta la toalla sabores del verano que, ahora, se mezclaban con la nostalgia.
Eran los veranos del 'vitaminas' y del 'pastele', dos figuras entrañables que, cesta en mano, recorrían la orilla gritando su mercancía con acento del otro lado de la frontera.
En esa época, la frontera entre Ceuta y Marruecos no era el muro burocrático de hoy. Bastaba con el pasaporte y un poco de suerte para cruzar a diario desde Castillejos o Tetuán. Miles lo hacían: buscaban trabajo, comerciaban, y sí, también se ganaban unas pesetas –después euros– en las playas ceutíes vendiendo productos del gusto del paladar de los ceutíes.
El mítico 'vitaminas': almendras y garrapiñadas en cartuchos de papel
El 'vitaminas' no necesitaba cartel ni logotipo. Bastaba con ese grito –más parecido a una sirena playera que a una estrategia de marketing– para que todos supieran que llegaban las almendras tostadas, los revoltillos, los cacahuetes y las garrapiñadas que se pegaban a los dedos.
Llevaba un cesto de mimbre compartimentado, donde cada fruto seco tenía su rincón. Y si le comprabas, te hacía un cartucho de papel en tiempo récord, como un origami improvisado. No había bolsa de plástico ni falta que hacía.
El 'pastele': dulces protegidos de la arena
Un poco más tarde, cuando el sol ya pegaba fuerte y la gente pedía algo más goloso, llegaba el 'pastele'. El nombre no dejaba lugar a dudas: vendedor de dulces con acento marroquí. En su cesto no faltaban los petit suisse, milhojas, las brevas y otros pasteles de los que muchos ceutíes disfrutaban en playas como El Chorrillo o La Ribera.
Lo vendía todo bien tapado, cubierto con un plástico para que la arena no hiciera de topping crujiente inesperado. Algunos hasta se atrevían con la repostería marroquí que parecía resistir intacto al sol del Estrecho.
De la arena al recuerdo: ¿qué pasó con ellos?

Con el paso del tiempo, estos personajes fueron desapareciendo. Las restricciones fronterizas aumentaron, los controles sanitarios se endurecieron y Ceuta se hizo menos accesible para quienes venían del otro lado. El 'vitaminas' y el 'pastele' pasaron de ser figuras habituales a parte del imaginario colectivo.
En aquellos días, y en años posteriores, el bullicio de la frontera permitía una vida cotidiana compartida entre Ceuta y Castillejos, como bien recoge el reportaje de El Faro de Ceuta sobre esas vidas de frontera en las que lo mismo se intercambiaba menaje del hogar con el 'mueble'; actuaban en la calle imitando a Michael Jackson o vendían pasteles a pie de playa.
Los sabores del verano no se olvidan
Hoy ya no hay vitaminas en la orilla. Tampoco pasteles. Pero basta con que alguien lo mencione en voz alta —¿te acuerdas del suso que vendían en la playa?— para que medio grupo de amigos sonría. Porque esos sabores, esos olores y esos personajes forman parte de la memoria de Ceuta.
Puede que el tiempo los haya barrido como a las huellas en la arena, pero su recuerdo sigue ahí, dulce y crujiente, como una almendra del 'vitaminas'.
La nostalgia y los días de playa se asocian porque evocan recuerdos sensoriales intensos: el olor a sal, el calor en la piel, los juegos en la arena y los sabores del verano. Son momentos ligados a la infancia, a la despreocupación y a una felicidad sencilla que no se olvida.







Esto no es venta ambulante? Depende de quién la ejerza no? Cuando interesa todo está muy bonito.
Ya ni me acordaba del vetamina y del pasteleto
Están trabajando en servilimce , por lo menos dos de ellos.
Made in Ceuta, que recuerdos las milojitas en la playita y al medio día cuando venía el señor a la puerta de casa