Campañas de apoyo a las víctimas de violencia de género. A ellas y a sus hijos. Campañas para recordarles que no están solas, pero en la práctica, en demasiadas ocasiones, sí que lo están. Solas y olvidadas. Es como se ha sentido una mujer víctima de malos tratos en Ceuta.
Para entender la causa de esos sentimientos hay que contar lo sucedido. Una narración que deja en evidencia la llamada victimización secundaria, ese daño adicional que sufre una víctima cuando interactúa con el sistema de justicia o la sociedad.
La protagonista de estos hechos sabe lo que es la carencia de humanidad o el mal funcionamiento de la administración después de haber sufrido un episodio de violencia machista delante de sus dos hijas, una de ellas menor de edad.
Horas en una oficina que parece un zulo y falta de información
La citan en el juzgado para que, inicialmente, acuda con su hija mayor de edad. Debe presentarse a las nueve de la mañana (antes las citas eran a las 10:00 horas para facilitar que la afectada pudiera, por ejemplo, llevar a sus hijos al colegio o recuperarse tras haber permanecido en comisaría denunciando una situación desagradable).
Permaneció en el juzgado desde esa hora y hasta las tres de la tarde.
Seis horas para una declaración, seis horas en una oficina que parece un zulo, seis horas esperando que le dijeran cuándo la pasarían a declaración.
Con una menor y sin explicaciones
El día siguiente debe volver de nuevo a las 9:00 horas, pero con su hija menor. Esta vez no se marcha de los juzgados hasta las cinco y media, debiendo salir por la zona de calabozos ya que en los accesos del juzgado había familiares del detenido.
Por ley, cuando hay una menor, la toma de declaración debe ser inmediata. Pero lo que viene recogido en los papeles no siempre se cumple. Más de ocho horas de espera sin que nadie le comunicara qué había pasado.
Un desbarajuste o una falta de humanidad o un paquete completo fundamentado en la inacción, porque mientras que de cara a la galería todo parece funcionar adecuadamente, o así se vende, en el día a día las cosas no marchan por el mismo camino.
Cuando la víctima tuvo que acudir con su hija menor nadie le daba explicaciones de la tardanza, de lo que había sucedido, mientras la niña sufría los nervios propios de estar en un lugar en el que poco se entiende, pero mucho se padece.
Familias a las puertas de los juzgados
Todas esas horas sin salir de la oficina ya que, si lo hacen o acuden al exterior a comer algo, pueden encontrarse con la familia del detenido que ocupa siempre el acceso al palacio de justicia sin que, a pesar de las denuncias e incluso de los incidentes que han trascendido a los medios de comunicación, se hayan tomado medidas.
Esto ha ocurrido en una cronología de un caso concreto, pero no es algo aislado, al contrario, se produce en más de una ocasión.
La victimización secundaria existe. No solo por este tipo de situaciones: horas en una oficina, citadas a las 9 para estar hasta las tantas sin tener información y sin saber cuándo les tomarán declaración, con miedo a salir porque hasta en las mismas puertas del juzgado hay familia del detenido, con miedo también a toparse en los pasillos con situaciones desagradables…
Las denuncias públicas de casos de este tipo sirven para que se sepa que no todo funciona como se dice, ni todo el sistema respalda y es efectivo con la víctima como se ‘vende’.







Ya se ven los resultados de la reciente implantación de los Tribunales de Instancia. Un caos organizativo, que afecta directamente a los ciudadanos que acuden a los antiguos Juzgados, para que se le agilicen y resuelvan sus problemas.
Un DESASTRE con MAYÚSCULAS