La zona de Calamocarro de Ceuta, próxima al centro de menores Punta Blanca, es actualmente una de las áreas más olvidadas de la ciudad, según expresan sus residentes. Lo que antaño fue un paraje natural frecuentado por familias, ciclistas y escolares, hoy es “una zona abandonada”, donde los peligros se han convertido en rutina diaria.
Ali y Fatima Mohamed, habitantes de este lugar, han alzado la voz ante una situación que se ha vuelto insostenible. “Cada mañana me levanto y encuentro gatos muertos en la carretera”, relata Ali con enfado.
La velocidad con la que circulan los vehículos, especialmente durante los relevos de turno del personal del centro de menores, ha convertido la carretera principal en un destino fatal para los animales y una amenaza constante para los vecinos.
La demanda principal: colocación de badenes
Una de los exigencias más urgentes es la instalación de badenes. “Ya no puedo ni salir de casa tranquilo, los coches pasan a una velocidad increíble”, denuncia Ali. “Una vez, incluso rompieron el muro de la casa porque un coche casi se mete dentro mientras dormía”.
A pesar de los repetidos avisos a las autoridades locales, no se ha materializado ni una sola medida. “Nos vendrían perfectos unos badenes para obligar a frenar”, añade.
En un intento de reducir la velocidad de los vehículos, los vecinos colocaron carteles alertando de la presencia de animales. Sin embargo, según denuncia Ali, uno de los carteles fue destruido. La Guardia Civil llegó a intervenir en un incidente, confirmando la necesidad del cartel protector y de los bloques de cemento instalados a las puertas de su domicilio.
Cañas que invaden la carretera y un vertedero frente a las casas
Más allá del tráfico y los continuos accidentes, el último un golpe al coche de Fátima Mohamed que le ha provocado daños en la parte delantera; el entorno natural de Calamocarro, que antes era destino para muchos visitantes, hoy se ve afectado por la falta de mantenimiento.
Fátima Mohamed describe una carretera atacada por las cañas, llegando a rozar los coches que por ahí circulan y privando de visibilidad al camino, pudiendo provocar un atropello. “Hay que ir cortándolas uno mismo para poder pasar. Aquí solo vienen a limpiar cuando hay elecciones”, reclama.
Frente a su vivienda, donde años atrás corría un pequeño arroyo, se ha instalado un vertedero improvisado. “Tiran colchones, escombros, basura. Y lo peor es que existe un servicio municipal gratuito para retirar estos residuos, pero la gente prefiere venir aquí, tirarlos a escondidas y marcharse”, lamenta Fátima.
Incendios y miedo en verano
Con la llegada del calor, se suma el temor a los incendios. “Aquí vivimos con miedo al fuego”, señala Fátima, recordando un incendio en 2020 que obligó a evacuar a su madre.
“Los cortafuegos se quedan a mitad de camino. Nunca llegan hasta donde estamos nosotros, y esta maleza en verano es pólvora”.
La petición vecinal es clara: que el plan de prevención de incendios se extienda hasta la zona habitada de Calamocarro. “No pedimos lujos, solo que nos protejan como a cualquier otro barrio”, insiste.
Abandono institucional
Fátima relata haber enviado correos electrónicos a todas las entidades posibles: al Ayuntamiento; a la empresa municipal Obimasa y a otras delegaciones, sin obtener respuesta.
“Ni siquiera contestan. Nos dicen que lo hablarán, pero nunca pasa nada”, denuncia. En todos estos años, la única mejora obtenida ha sido la instalación de farolas, “y eso tras insistir mucho. Fue MDyC quien nos ayudó”.
La frustración de los vecinos crece cuando comparan su situación con otros barrios de Ceuta. “En Benzú han puesto badenes con facilidad. Aquí llevamos años pidiéndolos. Solo pedimos dos: uno arriba y otro abajo. Nada más”, relata con resignación.
Empleados del centro de menores: sin consideración

Ambos vecinos, también hermanos, apuntan directamente a ciertos trabajadores del centro de menores Punta Blanca y a transportistas de alimentos del proveedor de comida como principales responsables de la conducción temeraria.
“No todos, pero hay algunos que corren sin control. Ya han matado gallinas, gatos, y ni caso hacen cuando se les pide que respeten la zona. Esto no es una pista de carreras. Teníamos una gallina de la india, preciosa, y nos la han matado atropellada”, lamenta Fátima.
Peticiones sencillas
A pesar del lamentable estado actual, Fátima insiste en que el barrio tiene un valor natural incalculable. “Esto es una maravilla. Aquí venían familias, ciclistas, escolares. La playa está cerca, el monte es precioso. Pero hoy está todo abandonado”.
Su petición a la Ciudad es sencilla, pero urgente: colocación de badenes, limpieza regular, ampliación de los cortafuegos y control sobre los vertidos ilegales. “Esto no cuesta millones. Solo se necesita voluntad”, concluye con resignación.






Menos mal que hay elecciones, sino, tendrían que multiplicarse los cañeros.
Por cierto, creo que toda esa zona es "propiedad" del Ministerio de Defensa...
Ya no lo es desde hace unos meses