El rezo que marcó el fin de Ramadán dejó la calles de la ciudad semidesiertas y numerosos comercios cerrados. La estampa fue más semejante a la de un día festivo que al de uno laborable
Con la comunidad musulmana cerrando el mes de Ramadán con emotivos rezos, al calor de la familia, Ceuta vivió ayer una jornada que, lejos de lo que dice la teoría, en la práctica fue casi de fiesta, como si fuera unos de esos días que se marcan en rojo en el calendario y toca descanso.
Porque desde primera hora, la ciudad mostró un ritmo menor al rutinario, un funcionamiento a medio gas que, debido a la comunión habitual existente entre personas de distintas creencias y culturas, ‘afectó’ a todos los ceutíes. “Yo iba a comprar fruta a mi puesto de siempre y me he visto que estaba cerrado”, resumía una señora a pie de puesto de un Mercado Central desierto y cerrado a cal y canto en un noventa por ciento.
Pero si el ejemplo del Mercado Central fue muy gráfico de la situación general, la sensación (la certeza) de que la ciudad estaba cerrada por fiestas era patente en casi todas las esquinas: peluquerías, cafés o bazares con la persiana echada; paradas de taxis desiertas; o establecimientos que estaban abiertos pero con apenas clientela.
“Felicito a todos mis clientes musulmanes por el fin de Ramadán”, decía Carmen, de la Administración de Lotería número 4, sita en El Puente, “a los que espero ver de nuevo pronto porque hoy, la verdad, estoy teniendo poco trabajo, mucho menos que un día laborable normal”.
De regreso al Mercado Central, la Huevería Guillerno ha abierto “como un día más”, si bien el propietario reconoce también que “hay mucho menos trabajo”. “Respeto a todas las fiestas, a las personas de las distintas comunidades que conviven en nuestra ciudad, pero hoy había que abrir”, considera el hombre. Frente a sus ojos, el Café Bar Churrería Hermanos Ferreiro, cuya plantilla está compuesta mayoritariamente por musulmanes, aparece cerrado.
En la planta inferior, donde se encuentran los puestos de pescado, el panorama que se antojaba era idéntico: sólo cuatro de una veintena estaban abiertos. Detrás del mostrador, Rafael y Adolfo coincidían en sus puntos de vista: “No ha entrado nada de pescado de Marruecos y esta semana es muy complicado ya que venga algo desde allí, porque siguen de fiesta, sólo de la península”. “¿Las pérdidas?”, se preguntaron ambos, cada uno desde su puesto, “pues enormes, una semana con pérdidas es una semana tirada”, coincidieron en afirmar.
Con fruterías, pastelerías árabes o puestos que habitualmente venden especias para cuscús o pinchitos morunos igualmente cerrados, y por tanto sin apenas gente yendo y viniendo de un lado a otro, el Mercado está casi impoluto, como reconoció un limpiador: “Hoy nadie pasa por aquí”.
En Gran Vía, una mujer, llamada Pilar, en compañía de dos niñas, miraba el reloj, con impaciencia: “Es que llevamos quince minutos esperando a coger un taxi”, indicó justo cuando, en ese momento (“¡milagro!”), apareció uno por un horizonte despejado, lejos de la hilera cotidiana que suele haber en cada una de las paradas de la ciudad.
¿Y los cafetines? También al cincuenta por ciento. Porque mientras bares como ‘Mis amigos’ estaban abiertos, sitios muy concurridos a diario por los ceutíes como ‘Gini’ permanecían cerrados, estampa que sirve de metáfora de la realidad que vivió una ciudad que ayer ameneció y continuó durante la jornada a medio gas.
Menos trajín en los juzgados y personal de permiso en los cuarteles
El final del mes sagrado para los musulmanes, hecho que se consumó el lunes al anochecer, y la consiguiente celebración de ayer también se notó en dos de las administraciones más emblemáticas de nuestra ciudad, la militar y la judicial.
No obstante, según señalaron fuentes de la Comandancia General de Ceuta, no sólo ayer muchos efectivos militares hicieron uso de su derecho a gozar de días libres, sino que “la mayoría de musulmanes han pasado el mes de julio de asueto para estar durante el mes sagrado con sus respectivas familias”.
Esta medida responde, argumentan las fuentes castrenses, a que la totalidad de militares que componen la guarnición ceutí tiene julio o agosto de vacaciones, de modo que quien esté de permiso en julio, se deberá incorporar en agosto, salvo excepciones justificadas.
Compuesta por numerosos efectivos musulmanes, la Comandancia General opera siempre en pos de cooperar con todas las comunidades existentes en la ciudad, integrándose en la idiosincrasia de la misma de lleno, circunstancia que, a su vez, reconoce el grueso de los ceutíes.
Por último, acerca de la incidencia que el fin de Ramadán tuvo en el sector Justicia de la ciudad, cabe destacar que en los distintos juzgados que existen y que se integran de manera dispersa en edificios que se encuentran en diferentes calles, el trajín fue menor al habitual, siendo así el ritmo muy lento.










