La celebración, hoy, de los actos del Patrón de la Policía Nacional ha quedado empañada por la polémica de las medallas.
Nunca llueve a gusto de todos, es cierto. Pero lo grave es que en esta ocasión se ha cometido un fallo garrafal que ha provocado la denuncia unida de todos los sindicatos, asociaciones ajenas a la Policía y ciudadanos.
No se entiende, porque no hay justificación, que no se haya dado medalla al agente Ismael Derdabi. Lo escribía el otro día, como la han escrito antes y después más personas y asociaciones. Creo que en esta partida todos estamos unidos, no caben discrepancias ni explicaciones.
Resulta curioso que quienes no hablen sean los que deberían. La Jefatura ha callado de manera oficial. Desconozco si en su discurso el jefe superior dirá algo sobre este asunto. Oficiosamente aseguran que han peleado para que Ismael fuera reconocido.
Resulta extraño que la Jefatura Superior haya callado y ni siquiera dé una valoración sobre lo que ha podido suceder
Tendrán que decirlo de manera oficial y tendrán que darnos una explicación de las razones que han prevalecido para tamaño bofetón. La AEGC pedía la semana pasada que la delegada del Gobierno dijera algo al respecto.
No creo que lo haga por mucha máxima responsable de las fuerzas de seguridad que sea. Porque esto supera a su gestión, es más un asunto que debe ser analizado y contestado debidamente desde la propia Jefatura. No sé si se atreverán a ser contestatario contra el sistema.
Buscar cualquier otra salida no solucionará el feo que se le ha hecho no solo al agente Ismael sino a toda su familia
Deberían. Los reconocimientos a los agentes que exponen sus vidas o que realizan servicios importantes tienen que hacerse al momento y eligiendo actos relevantes como el día del Patrón, porque es un orgullo para los protagonistas pero también para los familiares de esos elegidos.
Con la que ha caído puede que, a toda prisa, busquen una salida con otro tipo de acto. No será igual y lo saben. No lo será porque hay gestos, actitudes y sobre todo ocultismos que duelen mucho más que recibir o no una condecoración.






