Ceuta se enfrenta a un grave problema después de la utilización por parte de Marruecos de sus propios nacionales para presionar a la ciudad y, de manera sangrante, a los menores. Muchos padres se han puesto en contacto con este periódico porque reclaman a sus hijos, los buscan porque esos niños se fueron de casa engañados. No son pequeños que huyan porque en su interés está el no regresar. No. Son niños a los que se les engañó para venir a Ceuta y se tomaron esa avalancha orquestada y premeditada por Marruecos como si fuera un juego. Hoy tenemos a cientos de menores en unas instalaciones no preparadas para tanta cantidad, la Ciudad ha tenido que habilitar de forma rápida el mismo centro de Piniers que cerró hace unos días y se abre un problema político, judicial y burocrático porque esos niños quieren estar con sus padres, pero hay que buscar la forma de llevar a cabo esas repatriaciones. Todos los responsables están cooperando para desatascar una problemática detrás de la que se esconde mucha pobreza y miseria. Las peticiones de urgencia de padres y madres que buscan a sus niños se repiten, porque esos menores dejaron sus casas y la escuela sin aviso, por sorpresa, sin saber sus consecuencias. El Gobierno trabaja en buscar la solidaridad de las demás comunidades autónomas para intentar que menores que ya estaban en centros sean acogidos en la Península; de igual manera se busca la solución para que esos menores vuelvan a su hogar, con sus progenitores para estar donde ellos quieren estar.
Lo que se ha vivido en Ceuta es gravísimo, ya no solo por el delicado conflicto provocado sino por la crudeza que esconde, por la manipulación hecha por un reino de Marruecos que ha alentado entradas y utilizado a personas.






