La definición del Ramadán nos indica que es el mes del ayuno y de la oración, así como de la reflexión y la comunidad. Siendo esta última palabra la que cobra un mayor sentido en momentos en los que nos damos cuenta que mientras algunos tienen la suerte de contar con todo lo necesario, otros atraviesan por momentos sumamente difíciles al no tener ni siquiera lo básico para una vida digna.
La solidaridad entra entonces en escena para hacer lo posible y ayudar a quienes necesitan una mano amiga y en este caso en particular un plato de comida para mitigar el hambre. Y afortunadamente existen organizaciones como Luna Blanca que además de hacer un gran esfuerzo durante todo el año, hace especial énfasis en un mes tan especial dentro del calendario musulmán.
Una labor plausible que ojalá fuera replicada por muchos con posibilidades de ayudar. Una labor de amor que se concentra en esa carpa que se levanta nuevamente justo al lado de la mezquita de Sidi Embarek, tras dos años de ausencia por la pandemia, y en la que el que lo requiere puede acercarse para ser recibido con los brazos abiertos para romper el ayuno. También destacando las casi 300 familias que acuden a diario para llevarse los víveres necesarios para hacer lo propio pero en casa.
Lo más significativo dentro de lo que hace esta organización no gubernamental es no detenerse ningún día del año y aunque durante el mes del Ramadán se esmeran por bridar amparo a los más desfavorecidos, también hacen un gran esfuerzo el resto de los días, en los que no faltan sus buenas intenciones y su trabajo duro para poder estar ahí, presente, para darle esperanzas a aquellos que están a punto de perderlas.






