Zakaria Bouatlawi se desvaneció de la noche a la mañana. Su billete tenía fecha de vuelta o, al menos, eso es lo que pensaron sus padres aquel lunes cuando salió de su casa en Larache. Lo que desconocían es que, lo que vendió como una inocente excursión con otros chicos, era en realidad la tapadera de su travesía por mar hacia Ceuta.
Tiene 16 años y aún, después de más de un año, no cuentan con ninguna pista que los lleve a su paradero. Días después de su ida es cuando realmente supieron la verdad sobre el destino de su hijo.
“Uno de sus amigos regresó”, cuenta su hermana. “Nos dijo que lo cierto es que no se habían ido de viaje, sino que habían emigrado a la ciudad. Él volvió, pero Zakaria no. No sabemos nada de él”, explica.
¿Dónde está?
A pesar de conocer hacia dónde fue, todavía les queda por esclarecer en qué lugar se encuentra ahora. La incógnita, de momento, no se despeja. Es la pregunta que se hace su madre constantemente y que persiste tras quince meses sin haber dejado una sola huella tras de sí.
No lo olvidan a él. Tampoco la jornada en la que la tranquilidad de su hogar dio un giro de 360 grados. El 22 de agosto de 2024. Todos los pasos que han dado hasta la fecha han sido en vano. Han dado parte de su desaparición ante la policía de Marruecos y han difundido su historia en redes sociales.
Incluso pidieron ayuda a un influencer del país. El hombre difundió un vídeo en el que narra toda la información de la que dispone su familia. Sin embargo, la única respuesta que han recibido a diario es el silencio.

“Nunca habló sobre emigrar”
La partida del joven de 16 años, natural de Larache, pilló a todos por sorpresa. Él no había hecho ni un solo comentario al respecto. “Nunca nos habló sobre emigrar. Dijo que iba de viaje con sus amigos”, relata.
No sospecharon tampoco en el seno de su hogar que se le hubiera cruzado tal idea.” Sinceramente, no parecía que fuera a hacerlo. No se le veía nervioso. No tenía miedo ni nada parecido. Estaba tranquilo”, concreta.
Él únicamente comunicó su deseo de hacer esta escapada junto a otros vecinos con los que mantenía amistad. Su padre, sin pensar en lo que se avecinaba, le dio dinero para que pudiera disfrutar de unos días fuera.
Lo que sí conocen sus familiares es que se desplazó a Castillejos para ir a Ceuta. Zakaria no es el único que se marchó sin dejar rastro. Lo acompañó en el trayecto otro chico del municipio del que tampoco se sabe nada.
Ropa deportiva
La última vez que lo vieron iba vestido con un chándal de color azul marino. La indumentaria la completaban unos calcetines y unas sandalias negras. La familia conserva una foto de él con las prendas con las que se fue.
Zakaria es más que un nombre. Es un chico tranquilo y alegre al que le encanta reír. “Tiene un corazón bondadoso”, asegura su hermana. “Ama a todos y le encanta estudiar. Saca buenas notas. Es de los mejores alumnos de su clase”, expone. “Es gentil y amable”, añade.
“Le faltan dos años para graduarse. Le iba bien. Era trabajador”, manifiesta. Su intención era convertirse en el futuro en mecánico. Durante el verano era común que se fuera a nadar a la playa. “Vivimos en una ciudad donde el mar está justo al lado”, detalla.
El fútbol era otra de sus aficiones. “Practicaba esos deportes casi todos los días”, narra su hermana. Toda esa monotonía llena de vitalidad se paró en seco el 22 de agosto de 2024. Aún se asombra con el hecho de que Zakaria decidiera irse. “No tenía ningún deseo de emigrar. Quizás algunos de sus amigos le inculcaron la idea”, reflexiona.
La familia
No solo se quedaron en pausa esos exámenes o esas tardes tras el balón. La vida de quienes lo trajeron al mundo también echó el freno de mano. “Mi padre no ha podido trabajar desde que se fue”, especifica.
“Mi madre está muy enferma”, señala. “Llora frecuentemente. Desea dar con él lo antes posible”, admite. “No tenemos pistas. La situación es desesperante tanto física como mentalmente”, traslada.
“Desde que desapareció Zakaria no nos hemos sentido tranquilos en esta casa. Lo recordamos diariamente. Compartimos sus recuerdos”, destaca. “Es un hombre joven. Tiene 16 años. Tengo miedo de que le hagan daño”, menciona. “Espero que logremos encontrarlo”.






