La casa en la que vivía Ayoub Abu Khasib permanece en silencio desde hace un mes. Su ausencia cae sobre sus padres como una pesada losa, padres que tratan de tener noticias sobre él por todos los medios. El joven, originario de El Jadida, partió en torno al uno de julio a nado hasta Ceuta.
No han recibido ni una llamada en todo este tiempo. No tienen pistas de su paradero. La familia se ha hecho eco en redes de su desaparición en un mensaje escueto. El texto, con una foto adjunta del chico, pide a quien lo lee contactar con ellos en caso de tener alguna información sobre él. “Si lo han visto o saben algo de él, pueden marcar el 0642088618”, indica.
Sin embargo, el intento de momento no cosecha éxito. Continúan a la espera de que en algún momento el teléfono suene. La falta de respuestas los ha llevado a contar su historia en El Faro.
Ayoub trabajaba como barbero y es conocido en su tierra natal por su gran afición al deporte. Todo lo que obtenía en su empleo lo dedicaba a sus progenitores, quienes, hasta la fecha de su partida, dependían económicamente de él. “Los ayudaba ganándose así la vida”, cuenta su hermano, que actualmente vive fuera del país.
La razón que lo ha llevado hasta la costa para iniciar la ruta hacia España era buscar otra fuente de ingresos mejor. “La razón por la que emigra es porque quería ayudarlos a ellos”, señala. “Ellos son mayores y mi hermana está casada”, explica. “Mi madre ahora siente mucho dolor con toda esta situación. No logra dormir por las noches”, confiesa.
“Ayoub es buena persona. Es amable y le gustaría ser entrenador en un gimnasio. La gente lo quería”, expresa. “Ese día no le dijo a su familia que iba a hacerlo”, cuenta. Sin embargo, sí que estaban advertidos de su deseo de salir de Marruecos. “Es cierto que varias veces comentó que quería intentar irse”, relata.
El joven estaba familiarizado con este proceso migratorio. De hecho, es la segunda vez que se lanza el mar en busca de la puerta de acceso a Europa y de una nueva oportunidad. “Lo que sé es que trató de entrar en Italia desde Turquía y Bulgaria, pero no obtuvo respuestas”, narra. Al no lograr embarcar este trayecto, se decantó por ir a nado a la ciudad autónoma.
La primera vez los cuerpos y fuerzas de seguridad marroquíes detuvieron su propósito. “Lo ha hecho de nuevo y, desde entonces, no hay noticias de él”, asegura. “Mi madre ha denunciado su desaparición ante la policía”, detalla.
Ayoub Abu Khasib podría haber sido cualquier otro chico de El Jadida. Podría haber tenido otro nombre y apellidos. Su historia es, en cierto modo, un calco de tantas otras que han pasado por las líneas de este periódico o que, desafortunadamente, han sido arrastradas al silencio.
Padres, hermanos o tíos acuden a los medios locales de Ceuta para encontrar respuestas, aunque sean las menos deseadas en gran parte de los casos. Yassin, Fajri, Rida, Abdelali, Marouane, Abdelghani son tal solo algunos de una extensa lista de la que se puede hacer seguimiento a través de los avisos de los familiares.
La mayoría, con ayuda del traductor o con el chapurreo del inglés, cuentan cuál fue el último día que los vieron o qué ropa llevaban. Esperan en casa a que alguna notificación en su móvil les dé algún hilo del que tirar.
Son los niños de El Jadida, chavales que no se van de su casa para ir a la playa a bañarse o jugar; acuden a ella para arrojarse a las corrientes del mar. Los vecinos del municipio observan con preocupación los anuncios de desapariciones.
Conocer las razones que empujan a las orillas de las aguas a los chicos no es sencillo. No existe una conclusión única ni una ciencia exacta en ello. Cada intento por cruzar es síntoma de una problemática local que conlleva un precio alto: la vida propia.
“Muchos abandonan la ciudad. Ninguno de sus seres queridos sabe que van a emigrar a España hasta que llegan allí. Es cuando contactan con ellos”, relata el hermano de Ayoub. “Cuando les escriben, los padres se alegran, pero otros se quedan sin sus hijos y son infelices. Los deja destrozados”, afirma.
La partida de los jóvenes comenzó a ser notoria en 2020. La población es testigo de ello desde hace ya cinco años. El argumento que más se repite de por qué hacen esto es el de las oportunidades laborales. “Gran parte de la gente se marcha y migra a España porque en Marruecos no les pagan bien”, manifiesta. “Aquí existen varias familias cuyos hijos están desaparecidos en el presente. No tienen noticias sobre ellos”, menciona.
La mejor opción es una compañía dedicada al desarrollo de un proyecto eléctrico de gas. Sin embargo, no es fácil conseguir un puesto. “Existe una empresa llamada Jorf Lasfar. Es una filial. Emplea a personas, pero, no contrata a chicos de El Jadida. Suelen incorporar a residentes de lugares como Casablanca, Rabat y Juribg”, traslada.
Los padres y el hermano de Ayoud siguen en su búsqueda. A unas calles de ellos, seguramente, en otro hogar, otros padres esperan, con preocupación, conocer el paradero de su hijo.
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