El tiempo coge de la mano con fuerza al progreso, pero no sucede así en Ceuta en cuestiones de brindar una despedida digna a quienes se convierten en compañeros fieles, seres que superan en ocasiones el calor humano: nuestras mascotas.
El pasar de los años en la ciudad solamente ha conseguido desgarrar y romper las entrañas de quienes lidian con el sentimiento de abandono que deja alejarse de un animal tras su fallecimiento, una mascota que se ha convertido en parte indiscutible de la familia y a la que en Ceuta no se le puede dar una despedida digna.
Ausencia de crematorio de animales
La ausencia de un crematorio y/o cementerio de animales pesa sobre miles de ceutíes, y cada vez se unen más a esta innumerable lista de afectados.
Solo algunos privilegiados, cuyas mascotas son de menor tamaño y además gozan de una economía que les permite un traslado e incineración en Algeciras o Málaga, pueden brindarle una despedida acorde al lazo de unión forjado en vida.
Pero, desgraciadamente, muchos otros, ya sea porque su animal sobrepasa los kilos estipulados para el traslado o porque el motivo de su muerte era diagnosticado con una enfermedad infecciosa, se ven atados de pies y manos para regalarle el adiós que merecen, como hacemos con nuestros seres queridos.

CuentaConmigo Ceuta
No solamente quienes han visto marchar a sus mascotas son conscientes del daño que esta situación causa. Muchos otros que afortunadamente disfrutan de su mascota en la actualidad, están tomando conciencia de que, algún día, ellos deberán hacer lo propio y se verán en la misma situación.
En esta línea, se encuentra Raquel Carmona, fundadora del movimiento ciudadano para la dignidad del animal en Ceuta: ‘CuentaConmigo: Por una despedida digna’.
Cuando Raquel adoptó a Káiser, su husky que actualmente tiene un año y medio, fue consciente de que algún día podría verse en la situación de despedirlo desde la camilla de una clínica.

Una necesidad urgente
Esta joven inició una ola de apoyos a través de Facebook a la que se han unido más de 1.000 ceutíes que han compartido infinitos relatos desgarradores sobre el fin de sus mascotas.
La unión evidencia la necesidad urgente de contar con un crematorio de animales en Ceuta o una alternativa temporal hasta que este servicio sea una realidad.
Experiencias personales: Rosario Herraiz y su caniche Rufi, de 12 años
Entre cientos de historias que se remontan a años atrás, desempolvamos la vivida por Rosario Herraiz y su perrito Rufi en 2020, compañero que murió a los 12 años y que, tristemente, no pudo vivir el final que merecía.

Rufi enfermó y murió de muerte natural. Ceuta no disponía entonces, al igual que ahora, de un crematorio para animales o un cementerio donde darle una sepultura digna. “A la pena de perderlo se le suma la de no darle un final digno”, relata.
"Como si fuera basura"
Esta amante de los animales habla sin tapujos. “Tuve que dejarlo en la clínica en una bolsa de plástico como si fuera basura hasta que hubiese más animales para incinerarlos todos juntos”, traslada con el corazón encogido.
Cuenta Rosario que “antiguamente”, por Santa Catalina, había un lugar habilitado para dar entierro a las mascotas, pero tras el endurecimiento de las leyes de Sanidad esta costumbre se evaporó, dejando a Ceuta huérfana de dignidad para las mascotas.

Respecto a esto último, Rosario hace hincapié en que no solo las mascotas que corren con la suerte de crecer en un hogar tienen derecho a un final digno. “Me refiero a todos los animales, también a los callejeros que acaban en una papelera tras ser atropellados en plena calle”, concluye.
Experiencias personales: Óscar Sánchez y Piraña, un yorkshire de 15 años
La historia de Óscar es contada desde el nudo en la garganta y con la mirada perdida en el recuerdo, como si por unos instantes brotaran por todos los poros de su cuerpo la pena y la tristeza que dejó la partida de Piraña, su yorkshire de 15 años y el agotador proceso tras su pérdida.
Este pequeño animal falleció de “ancianito” el 1 de septiembre de 2025. Fue la hermana de Óscar quien unió la vida de ambos tras encontrarlo abandonado en una carretera de la ciudad, “sin chip”, “sin nada”.

Tres maravillosos años
Cuenta Óscar que entre él y su hermana se encargaron de “recuperarlo” y pasaron tres maravillosos años junto a él, hasta que la edad se lo llevó. “Tenía entre 12 y 15 años, ya que al ser adoptado no lo sabemos con certeza”.
“Me vi en la odisea de: ‘¿y ahora qué hago?’ Como había fallecido yo no sabía que hacer, pues no tenemos dónde enterrarlos ni incinerarlos. Le pregunté a la clínica y me comentaron de llevarlo a Algeciras”, relata Óscar.
Un viaje sin duelo
Óscar decidió emprender el camino para su incineración, ya que, al ser animal pequeño, pudo introducirlo en una nevera de corcho para su traslado, como el que mete longaniza en verano para ir a la playa. Así se vio Óscar con quien había sido su amor incondicional.
Con el informe preparado de la clínica que legaliza el porte en el barco, tras la muerte a las 13:00 horas de su perro, con el duelo recién comenzado, Óscar compró el viaje en barco de las 16:00 horas para iniciar el proceso.
"Escondí mi animal"
“Escondí mi animal dentro del maletero del coche. Aunque fuera legal, me lo callé, por no derrumbarme, por no dar explicaciones. Ya bastante duro se me estaba haciendo, recién fallecido, que no me creía lo que estaba pasando”, recuerda con pena.
Dice Óscar que toda esta situación le hizo sentirse “un poco criminal”, “como si estuviera haciendo algo malo”.
“¿Y todo por qué? Por darle una despedida digna a mi mascota. Se pegó un tiempo conmigo, como parte de mi familia, yo lo considero así. ¿Qué hago? ¿abandonarla? Eso es otro tipo de abandono”, dice con dureza este afectado por la ausencia de un crematorio en Ceuta.
Las cenizas de su compañero
Óscar vivía una situación de shock. Tanto que se fue a la aventura, sin cita en clínica alguna. Cuando llegó a Algeciras comenzó a buscar rápidamente un lugar para el final de su mascota, con la suerte de encontrarlo.
A las 20:00 horas cogió el barco de vuelta, con las cenizas de su compañero en mano. Pudo darle una despedida digna, pero a qué precio. Un viaje solo y el derecho a duelo arrebatado.
“Me podría haber ahorrado todas esas horas pasándolo mal en el barco, buscando un lugar en Algeciras… Estaba cansado anímicamente y el proceso se me hizo mucho más largo”, denuncia.

Una anécdota con la Policía
Continúa Óscar recordando que a la vuelta vivió una anécdota curiosa. “Había un control de la Policía Nacional en una de las barriadas cerca del puerto y me vieron los ojos bastante rojos, hinchados de tanto llorar”.
“Se pensaban que había consumido alguna sustancia. Saqué las cenizas del animal que estaban en su urna y el policía se quedó muy cortado”.
Un proyecto a largo plazo
La ausencia de un crematorio en Ceuta supone un sufrimiento sin cura para un colectivo que crece sin cesar y para el que no hay una solución temprana.
Según la consejera de Sanidad, Nabila Benzina, “Ceuta está más pensada para un crematorio que para un cementerio” y según informa, “desde la Ciudad se está trabajando en la creación de un Centro de Bienestar Integral que contaría con un crematorio para animales, tanto para mascotas como de producción”.

Una ofensa para los afectados
Para este proyecto se destinará cerca de un millón de euros, 200.000 de ellos para este 2026, con opción de incremento según las condiciones.
El inconveniente hallado en esta cuestión es que para quienes padecen la ausencia de este servicio, la muerte no espera ni el sentimiento de abandono se desvanece con el tiempo.
Este proyecto a largo plazo es una ofensa para los afectados por la ausencia de un crematorio, que piden expresamente este único servicio. Construir más allá de lo demandado es alargar plazos y demorar la llegada de una solución de manera urgente.
Una propuesta real particular
Por otro lado, la consejera trasladó la presentación de “tres propuestas de tres particulares distintos” para la creación de un crematorio. De estas, “una de ellas ya ha tramitado documentación”.
Igualmente, volvemos a la pescadilla que se muerde la cola. La burocracia es lenta y este proceso debe obtener el visto bueno de tres consejerías distintas: Urbanismo, Medio Ambiente y, por último, la consejería de Sanidad, bajo la competencia de Benzina.
Según la información otorgada por la consejera, “este particular ya ha entregado documentación en urbanismo, ya tiene el local y ahora está en fase de ver las fichas técnicas del crematorio para que cumpla con la normativa de Medio Ambiente”.
Experiencias personales: Alicia Butrón
Mientras la Ciudad trabaja en este “proceso de transición que no se ve”, las historias se acumulan, como la de Alicia Butrón, que perdió a su gatito Thor en 2021 tras luchar por su vida en innumerables ocasiones por su condición epiléptica.

“Para mí, Thor, básicamente lo era todo, a pesar de lo que diga la gente de que no se puede comparar un animal con un hijo, para mí sí lo era”, asegura esta afectada.
Thor fue recogido de la calle por Alicia. Según le informaron distintos profesionales, la vida del animal no duraría más de cuatro meses por su enfermedad, pero esta chica lo acompañó, lo llenó de amor y crearon una memoria imborrable durante un año y medio.
Una espina clavada
Alicia no le pudo dar el final que habría querido para él. Todo sucedió durante la pandemia, “tampoco había medios entonces”. Lo sacrificó sola porque corrió con la mala suerte de que su marido “estaba de guardia”.
Esto dejó en esta apasionada de los animales una espina clavada que todavía duele.
Su cuerpo, como tantos otros, fue almacenado en un congelador hasta que se cumplió el cupo para ser enviado a la península junto a otros animales y proceder a la incineración colectiva. Un final que nadie querría para su compañero de vida.
"Yo me quedo vacía"
La despedida de Thor no ha sido la única que ha enfrentado Alicia, y, aunque se prometió no adoptar más animales por el dolor que dejan sus partidas, ahora vuelve a compartir su cariño con cuatro gatos. Si debe volver a vivir la misma situación con todos ellos, “¿qué me queda?”, se pregunta Alicia.
“Yo me quedo vacía, lloro, no tengo ganas de hacer nada”, decía sobre la pérdida de sus mascotas.
Lo que le queda a Alicia son recuerdos que ella misma abraza y crea. Su pasión por las bolas de cristal la ha llevado a recolectar muchas de ellas con imágenes de sus mascotas fallecidas en el interior.
Un encuentro a través del arcoíris
Además, su fijación por la cultura nórdica la traslada a un encuentro con sus animales cada vez que avista un arcoíris, que según relata esta cultura sería como un puente en el que “el mundo de los vivos se une al espiritual”, relata.
Y, aunque cubre de nostalgia encontrar consuelo en las creencias, la realidad en la ciudad es oscura en cuanto a dar una solución al crematorio de mascotas que sirva para dar una despedida digna a los animales.
Tatuajes en la piel y en el alma
“Pienso que aquí en Ceuta estamos muy atrasados en cuanto a bienestar animal, les da igual lo que les pase a nuestras mascotas”, denuncia.
Alicia tiene los collares de todas sus mascotas a buen resguardo, así como tatuados sobre su piel sus nombres, aunque Thor merecía un lugar especial, por ello, su rostro atigrado luce sobre el costado de su pierna izquierda.
Los veterinarios también sufren
Finalizada la historia de Alicia y Thor, es importante también destacar el papel de los veterinarios de la ciudad cuando un animal pierde la vida o debe ser “dormido” a través de la eutanasia, igualmente, el dolor es el mismo.
Muchos profesionales ven crecer a las mascotas de sus clientes, surgen lazos de afecto y se crean verdaderas relaciones de cariño. Cada uno de estos finales también es doloroso para el veterinario que los ha visto crecer.
El defecto de los animales
“Es común en esta clínica comentarles a los propietarios que los animales realmente tienen solamente un defecto y gravísimo, que es que viven menos que las personas”, comentaba Alfonso Morey, veterinario en Ceuta con una trayectoria profesional desde 1992.
“Realmente, en Ceuta, esa etapa final del animal no la tenemos resuelta”, añadía.
Y tampoco todos los afectados pueden permitirse viajar a la península para su incineración, que ronda entre los 300 a los 500 euros.

Los veterinarios también sufren
Como cuenta Morey, “tanto mis compañeros como yo, muchas veces, nos hemos pegado unas manos de llorar terribles porque son animales que han venido desde cachorritos, que han nacido prácticamente aquí, algunos por cesárea”.
Realmente, a los profesionales también les impacta quedarse con un animal metido en una bolsa y almacenarlo como basura de la que debe deshacerse cuando reúna algunos cadáveres más.
“Yo me imagino que la Ciudad, que tiene gente muy competente trabajando en el área de sanidad animal, es perfectamente consciente de este problema y de que hay que solucionarlo, pero no como un proyecto de futuro, sino con carácter de inmediatez”, señaló con contundencia el veterinario.
Experiencias personales: Montse Fernández y Kai, Claus, Igryd y Niza
En la misma línea va la opinión de otra afectada por la ausencia de un crematorio y cementerio de animales en Ceuta, la de Montse Fernández, quien ha visto partir a cuatro de sus mascotas: Kai, Claus, Igryd y Niza, pudiendo dar una despedida digna solamente a una de ellas porque en ese momento residía en Segovia, dependiendo de los medios suficientes para hacerlo.

Su gatita tricolor, Igryd, fue la única que encontró un final digno del amor compartido en vida.
En la cama fría de una clínica
“Del resto, permanece la sensación de haberlos dejado en la cama fría de una clínica con una sensación horrible de abandono”. Tras esto, lo único que queda “son los recuerdos y la fotografías”.
Es comprensible tras indagar en el dolor ajeno que todos y cada uno de los afectados coincidan en que el gobierno local mira hacia otro lado en cuestiones de dignidad animal.
Dar un final digno ayuda
“A mí me ayudó muchísimo en el caso de la gata que falleció fuera y que sí pude incinerar, la sensación de alivio, que quizás las personas que no tengan animales pues no lo entenderán, pero ayuda la sensación como de que te llevas algo de ellos, que no los dejas abandonados, porque eso de que lo dejes en una bolsa de basura…”, expresaba desde el corazón.
Montse Fernández tiene una postura firme y dura en cuanto al papel de la Ciudad en la cuestión del servicio de crematorio para animales.
Una postura firme contra la Ciudad
“El ayuntamiento no se lo toma de forma seria y no me extraña, porque llevo mucho tiempo tratando con animales, he sido voluntaria en la protectora y nunca se han tomado en serio nada relacionado con los animales, mismamente, con la cuestión del CES”, decía con firmeza.
Fernández deja claro que, al igual que todo ciudadano español paga impuestos y muchos de estos van destinados a proyectos para menores y niños, para ella, que no cuenta con descendencia biológica, sería buena opción ver sus impuestos convertidos en un crematorio para animales.

Reflexión final
Llegados al final de las historias personales, siendo conscientes de la pena y el dolor que guardan los afectados reales de la situación que vive Ceuta por la ausencia de un crematorio de animales, es momento para detenerse y poner en valor todo lo recogido.
Por un lado, que Ceuta se encuentre sin crematorio supone un sufrimiento sin cura para quienes cargan con el sentimiento de abandono tras alejarse del cadáver de su mascota, que se queda sobre la camilla fría de una clínica, metido en una bolsa, como mera basura.
¿Un propietario?
Su propietario, como consta en el papel, se aleja. Pero no es así. Aquí no hay un dueño ni una pertenencia.
Cuando una mascota fallece se va un ser querido, se dice adiós a quien espera detrás de la puerta con el recibimiento más alegre y sincero que se puede regalar, y esperar.
Se despide a quien supone calor en un día de frío y llanto, a quien ama con verdad y de forma incondicional, a quien durante los años de vida compartidos ha confiado su integridad, su dignidad animal sin pedir nada a cambio, bueno, tal vez un poquito de pienso, agua y comida, ¡qué menos!
La Ciudad no es clara
El gobierno local no es claro, no facilita una fecha fija para la realidad de un crematorio de mascotas en Ceuta, y ni siquiera garantiza que se produzca en este 2026.
La consejera de Sanidad asegura que “antes del término de la legislatura Ceuta gozará de un crematorio”, pero volvemos al inicio: no existe una solución urgente.
Trasladan desde el gobierno local que el proceso es lento y trabajoso, pero para los afectados supone un insulto que la medida de la Ciudad esté incluida en un proyecto de grandes dimensiones como lo es el Centro de Bienestar Animal, una obra de gran envergadura que está lejos de ofrecer una solución urgente.
Una esperanza
Hay esperanza puesta en una empresa privada, un particular que ha comenzado los trámites para poder instalar un crematorio en Ceuta, pero, de nuevo, la burocracia no es amiga de la inmediatez.
Son tres consejerías las que deben dar el visto bueno y, bajo la opinión de los afectados, si desde el gobierno local se pusiera mas empeño, este proyecto podría salir adelante mucho antes de lo que se dará.
La resignación no es opción
La resignación no entra en la lista de quehaceres de todos los que cargan el peso de no haber dado una despedida digna a su mascota o de aquellos que han tenido que marcharse a la península para hacerlo, sin derecho a duelo, cargando la pesadez de un viaje y el cadáver de su compañero.
La ciudadanía está harta. Pero no se rinde. Ceuta está huérfana en lo que a dar un final digno a una mascota se refiere.
Son cientos de personas con un agujero en el corazón, con lágrimas perdidas, que no descansarán hasta disponer de un crematorio para animales en la ciudad, cueste lo que cueste e insistiendo todo lo necesario para que el ayuntamiento, de una vez por todas, “se tome enserio esta cuestión” que daña la vida de tantas personas.






unos políticos insensibles. Una ciudad que pide a gritos una incineradora y no hacen ni caso. Vergonzoso.
Parece mentira que no se tenga sensibilidad con nuestros animales fallecidos,han sido hijos para nosotros y merecen respeto,además pienso que la construcción de un crematorio para ellos no supondría un desembolso excesivo; a quien corresponda esto que piense si no lo haría por un hijo suyo