El Estrecho de Gibraltar volvió a demostrar el pasado sábado que es uno de los mares más ricos y sorprendentes del planeta. Un grupo de ceutíes integrado por miembros de Septem Nostra y SEO Ceuta zarpó del puerto a bordo del Bora Bora en una salida de avistamiento de cetáceos y aves marinas que deparó un encuentro excepcional: un cachalote emergió ante ellos entre la línea de Tarifa y Punta Cires, justo frente a nuestras costas, una de esas experiencias que solo el Estrecho es capaz de ofrecer.
Del silencio a la euforia
La jornada no arrancó con buen augurio. Durante un largo rato, el grupo permaneció en silencio escrutando el horizonte sin localizar ningún cetáceo. El desánimo empezaba a cundir entre los pasajeros cuando el patrón del barco, Manolo Grandes, lanzó el aviso que lo cambió todo: "¡Cachalote a proa!". El Bora Bora puso rumbo a toda máquina hacia los resoplidos del animal y la decepción dio paso a la euforia.
El grupo llegó a tiempo de contemplar al enorme cetáceo antes de que contorsionara su cuerpo y se sumergiera en las profundidades, mostrando su descomunal aleta caudal en una imagen que quedó grabada en la retina de todos los presentes.
Ciencia y tecnología al servicio del avistamiento
El encuentro no fue fruto de la casualidad. La salida contó con el apoyo del grupo CIRCE, Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos, entidad que desarrolla un proyecto del Ministerio de Medio Ambiente con balizas de seguimiento colocadas en varios ejemplares de la zona.
Actualmente tienen localizados al menos cinco cachalotes en el entorno del Estrecho, aunque es probable que haya más.
Avistar un cachalote es, en cualquier caso, un reto mayúsculo. El animal permanece en superficie apenas diez o doce minutos para respirar y luego desciende durante aproximadamente cuarenta y cinco minutos, sin que sea posible predecir con exactitud dónde volverá a emerger.
La zona entre Tarifa y Punta Cires, donde el fondo marino asciende hasta los trescientos o cuatrocientos metros, es una de las áreas donde estos gigantes tienen mayor presencia, ya que esas plataformas submarinas concentran el alimento del que se nutren.

Un Estrecho repleto de vida
El cachalote no fue el único protagonista de la jornada. Antes de este gran avistamiento, ha sido habitual que en anteriores también se pudieran observar delfines comunes y listados, calderones con sus características cabezas globulares y de una notable variedad de aves marinas: pardelas cenicientas, frailecillos, alcatraces, gaviotas cabecinegras y charranes completaron una jornada de una riqueza biológica extraordinaria.
Y es que, de lo que no hay duda, el Estrecho de Gibraltar es uno de los puntos de mayor biodiversidad marina de Europa. Un corredor natural por el que transitan a diario mamíferos marinos, aves y grandes pelágicos, y que los ceutíes tienen la suerte de tener a sus puertas, aunque no siempre sean conscientes de ello.
Una historia de destrucción y recuperación
Esta riqueza, sin embargo, tiene una historia marcada por la devastación. Las antiguas balleneras de Río Martín, Getares y Beliunex esquilmaron durante décadas las poblaciones de cetáceos del Estrecho.
Solo entre 1921 y 1927 se capturaron más de 3.600 rorcuales, y en la factoría de Beliunex se llegaron a sacrificar entre cincuenta y setenta cachalotes al año. Aquellas especies estuvieron al borde de la extinción.
Lo que hoy puede contemplarse desde el Bora Bora es el resultado lento y frágil de su recuperación, amenazada aún por el intenso tráfico marítimo que cruza el Estrecho a diario.
“Poco a poco se están recuperando las poblaciones, pero también están muy amenazadas”, manifiesta el presidente de Septem Nostra, que añade que, cuando se ve “la envergadura y el tamaño de los petroleros cargueros que pasan por el Estrecho. lógicamente tiene un impacto sobre estas poblaciones de cetáceos”.
Una actividad que se consolida
Esta fue la segunda salida organizada por SEO Ceuta en el marco de esta iniciativa. La primera tuvo lugar en diciembre, cuando también se avistaron cachalotes, aunque en aquella ocasión el animal ya se sumergía cuando el grupo llegó a su altura.
“La verdad es que este tipo de salidas sirven para poder disfrutar de la de la riqueza de nuestro medio marino. Son momentos muy emotivos”, reflexiona Pérez Rivera.
Esta vez la suerte acompañó y el encuentro fue pleno. José Manuel Pérez Rivera, impulsor de las salidas y miembro de Septem Nostra, resume así lo que el Estrecho ofrece a quienes se adentran en él: un mar vivo, generoso y todavía lleno de secretos que merece la pena proteger.






