Ceuta tenía ganas de Semana Santa. Tenía ganas de ir recuperando la normalidad, de poder salir a la calle y ver las procesiones previstas, de acudir a la barriada del Príncipe para contemplar el traslado del Señor de Ceuta y de su Madre. Ese momento tan especial en el que se combinan múltiples emociones, ese momento único en el que la devoción se manifiesta y en el que el respeto prima por encima de todo. El Traslado dejó imágenes hermosas, sobre todo en este año en el que a la recuperación de la Semana Santa se une el hecho de su coincidencia con el Ramadán. Dos celebraciones importantísimas para dos religiones que conviven en Ceuta y que deben superar cualquier intento de generar ruido, de provocar y alterar. Ceuta es el respeto por encima de todo, respeto como el vivido ayer en el Traslado. Ceuta es imagen, como la de ese momento en el que el Señor de Ceuta y su Madre salen del Príncipe o pasan a la altura de la mezquita de Sidi Embarek. Y solo hay devoción, solo hay cariño y admiración.
El covid nos encerró en las casas, el covid cambió nuestra forma de relacionarlos. El covid seguirá marcando nuestras vidas. Pero hay que salir adelante, seguir y avanzar con precaución, haciendo que esta Semana Santa que empieza, que vive hoy el Domingo de Ramos, no cause posteriores repuntes para que podamos seguir avanzando dejando atrás una pesadilla permanente.






