Decía el otro día que había señales que invitaban a ser optimistas y pensar que al final no se llevaría a cabo la huelga de limpieza durante la Semana Santa.
Todas esas negras nubes que aparecían por el horizonte, cuando aún quedaban quince días para ese inicio que se había previsto para cuando quedaran cinco minutos del Viernes de Dolores, se tornaron en luces de esperanza cuando esta semana comenzó a divisarse un horizonte mucho más limpio y donde parecía que iba a salir el sol.
Habían sido varios esos detalles que invitaban a la esperanza. Por un lado, que la empresa había vuelto a citar a los miembros del comité para seguir negociando, después de quince días sin reuniones oficiales porque los representantes de la patronal decidieron abandonar los cambios de impresiones al considerar las pretensiones de los trabajadores muy altas. Luego, las propias afirmaciones del consejero de Medio Ambiente y Sostenibilidad, Emilio Carreira, en el programa 'La Voz del Faro, donde intentó tender puentes hacia los trabajadores sin ser tan duro como en otras ocasiones. Además expresó su deseo de que no se llegara al paro.
Como decía antes, los nubarrones han desaparecido, pero quedan asuntos pendientes que no se han resuelto y buen sería, ahora que hay tiempo por delante, que determinadas peticiones de los trabajadores se analizaran, como por ejemplo, la entrada de otros cincuenta operarios del fin de semana a ser contratados de lunes a viernes como fijos. Los miembros del comité de empresa señalaron que había sido una promesa del presidente Vivas durante la campaña electoral y cuando le pregunté al propio Carreira sobre el asunto, salió por la tangente, indicando que no podía decir ni sí, ni no, porque no estuvo presentes en esas reuniones, pero dejó caer que Vivas siempre cumple con sus promesas. Por tanto, entiendo que la promesa existió, ya que de otra manera Carreira hubiera desmentido a los miembros del comité de emperras.
Ahora se abre esa posibilidad de la que hablaba el mismo Carreira, cuando indicó que todos podían sentarse alrededor de una mesa de negociaciones y hablar de todo lo que les une, dejando, de momento, lo que les separa. Que no se desaproche esta ocasión, no vaya a ser que nos volvamos a lamentar más tarde.





