Queda un mes para que finalice uno de los inviernos más duros, desde el punto de vista meteorológico, de los últimos años. Si el mes de diciembre fue desapacible en Ceuta, nada más comenzar el nuevo año nos visitaron seis borrascas consecutivas bautizadas por los nombres de Francis, Harry, Ingrid, Leonardo, Marta y Oriana.
Los daños ocasionados por estos temporales, con fuertes vientos e intensas lluvias, todavía no han sido evaluados en su totalidad. Por fortuna, no tenemos que lamentar pérdidas humanas, pero sí materiales y, sobre todo, importantes daños en nuestro patrimonio cultural y natural. Comenzamos por estos últimos, son incontables los árboles que han sido derribados por el viento tanto en el Monte Hacho, como en García Aldave. En los días más duros de las borrascas se hablaron de más de doscientos pinos tumbados en las carreteras, caminos forestales y senderos abiertos en los espacios naturales de Ceuta.
Queda por cuantificar los ejemplares arbóreos abatidos por las fuertes ráfagas de viento en el interior de los montes ceutíes. Esta labor de diagnóstico debería realizarse lo antes posible para conocer el alcance del deterioro medioambiental provocado por el carrusel de borrascas que han barrido nuestra ciudad. A partir de este estudio habría que redactar un ambicioso proyecto de reforestación que recupere la cobertura arbórea en nuestros dos pulmones verdes: el Monte Hacho y García Aldave. Ambas zonas forestales ya estaban previamente muy afectadas por graves incendios y muchos pinos presentaban síntomas de enfermedades que los han ido debilitando. En este sentido, se puede afirmar que los vientos no han hecho más que acelerar la previsible muerte de muchos árboles.
La pérdida de tantos árboles entristece a todos los que amamos la naturaleza, pero hay determinados casos que adquieren tintes dramáticos. Uno de ellos es el del pino bicentenario de Calamocarro. Este árbol fue incluido en el catálogo de árboles singulares de España, impulsado y coordinado por la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente en el año 2014, gracias a la implicación de nuestro compañero José Navarrete de SEO-Ceuta. Entre estos árboles, lo más antiguos eran un conjunto de castaños localizados en la parte alta del arroyo de Calamocarro. Hablamos en pasado porque la mayor parte de los castaños desaparecieron en un grave incendio forestal ocurrido a comienzos del verano de 2019. El monumental pino de Calamocarro pudieron salvarlo los bomberos, pero no pudieron evitar que se quemaran algunas de sus raíces. Unas raíces que llevaban tiempo descubiertas debido a la erosión del terreno por las escorrentías.

Poco tiempo después de aquel grave incendio forestal, las principales entidades conservacionistas de Ceuta organizamos la lectura de un manifiesto exigiendo a la Consejería de Medio Ambiente la redacción de Plan de Ordenación del LIC-ZEPA de Calamocarro-Benzu y otra serie de medidas, entre ellas “la creación de un muro de contención y posterior relleno de tierra alrededor del pino, para que las raíces vuelvan a estar bajo tierra”. Este manifiesto fue remitido por registro a la Consejería de Medio Ambiente y después de siete años no se ha atendido ninguna de nuestras reclamaciones.
Mis visitas al pino centenario se han hecho cada día más frecuentes en los últimos años. Me gusta pasear por el arroyo de Calamocarro y siempre siento una gran alegría cuando atisbo, desde la lejanía, al majestuoso pino del arroyo de la Calamocarro. Es una sensación muy similar a la que experimento al superar la última curva antes de llegar al poblado de Benzú y veo al Atlante Dormido. Esta montaña y este árbol comparten un evidente carácter sagrado, al menos para mí. No es que pueda explicarse con palabras, solo se puede experimentar desde el alma.
Teniendo en cuenta estas palabras, pueden imaginarse lo que sentí cuando el 1 de febrero aprecié una inclinación del pino hacia el lado sur. A la semana siguiente, el desplome del pino era aún más acusado. Desde el primer momento, las asociaciones conservacionistas empezamos a movernos y consensuamos un manifiesto que hicimos público el 4 de febrero. A partir de entonces no hemos dejado de llamar la atención sobre el grave estado del pino bicentenario del arroyo de Calamocarro. Ante la falta de un pronunciamiento de la Consejería de Medio Ambiente, solicitamos por escrito una reunión con el titular de esta área del gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta. También se mantuvo una conversación telefónica con él, en la que se mostró dispuesto a recibir a las entidades conservacionistas, pero ha pasado una semana y todavía no hemos sido citados.
El tiempo corre en contra del pino centenario. Cuantos más días pasen, menos posibilidades habrá de salvarlo. Nosotros no hemos cejado en nuestro empeño de hacer todo lo posible para no perder a nuestro amigo el “Viejo Sabio”.

Esta semana iniciamos una campaña de recogida de firmas en la plataforma change.org para recabar apoyo a favor del pino del arroyo de Calamocarro. En los tres días que lleva activa la campaña hemos recabado cerca de trescientas firmas, lo que deja claro que existe una gran preocupación ciudadana sobre el problema de conservación del pino bicentenario. A estos apoyos se ha sumado una importante empresa local que ha ofrecido sus medios humanos y materiales para resolver el problema de este emblemático árbol.
Por otro lado, desde la asociación Septem Nostra hemos consultado a expertos en arbolado de la Universidad de Granada sobre las posibles soluciones para salvar al pino y nos han sugerido que sería necesario podar las ramas para aligerar su peso. De esta manera, es posible que el peso del propio árbol y las raíces vuelvan a enderezarlo.
De manera previa, habría que instalar un gavión que contenga la tierra suficiente para que las raíces del árbol queden suficientemente cubiertas de tierra. No cabe duda de que se trata de una operación delicada que debe contar con la participación de personal especializado en el manejo y poda de árboles de gran porte. Tampoco ayuda a esta operación de rescate la dificultad de desplazar maquinaria hasta el lugar donde se encuentra el pino. Todo ello contando con los permisos del propietario de la parcela en la que se encuentra el árbol y de la Consejería de Medio Ambiente al tratarse de un espacio protegido por la Unión Europea.
Desde nuestro punto de vista, corresponde a la Consejería de Medio Ambiente abanderar la operación de salvamento del pino de Calamocarro y hacerlo pronto. La ciudadanía espera y reclama una intervención rápida y, a ser posible, exitosa. Buena parte del éxito del salvamento del pino va a depender de contar con personal técnico especializado y con los medios suficientes.
Tal y como hemos comentado, ya hay empresas dispuestas a aportar sus medios para esta misión y expertos dispuestos a asesorar. Por parte de las entidades conservacionistas también estamos dispuestos a contribuir con lo que podamos aportar. Lo único que pedimos es que nos escuchen y cuenten con nosotros. La ciudadanía quiere y debe participar, pues el patrimonio natural es de todos y a todos nos corresponde contribuir a su protección y conservación. Esperamos expectantes la reunión solicitada a la Consejería de Medio Ambiente.






