Cansado de su quietud
decide surcar el mar,
buque modelado en piedra
y adornos de musgo y sal. Nubes negras te acompañan,
simulando el humo van
de tu falsa chimenea
pues no hay nada que quemar.
El océano bravío
te azota como a uno mas
y tú, siendo gran coloso,
no lo puedes evitar.
Naves de gran tonelaje
admiran tu majestad,
mercantes, ferrys, veleros
sirenas hacen sonar.
Y entre ellos se preguntan:
¿es un bunker de la mar?
¿submarino amurallado?
No lo pueden precisar.
¿Es pecio resucitado
de su sueño abismal?
Es grumete, es vigía,
capitán y timonel,
no es navío a la deriva
aunque el ancla no se ve.
Del océano el azote
no le deja disfrutar
pues con tanta turbulencia
tiene miedo a zozobrar.
Entre sus piedras el agua
calando su entraña va
y teme que su gran mole
se hunda en la oscuridad.
Ya se acuerda de su Ceuta
donde tan a gusto está
con su luz, su hermosa calma,
su dicha y felicidad.
Acabóse la aventura,
ya no quiere continuar,
vuelve a su foso querido,
a su tierra, que es su mar.
Con su gente que se para
Y lo contempla al pasar,
que lo admira y lo acompaña
en su verdadero hogar.





