Zarzuela se ha puesto nerviosa. Acostumbrada a manejar los tiempos y las crisis les ha salido un grano en las posaderas que lleva por nombre Ceuta y Melilla. Dos ciudades españolas que no pueden alejarse de la ruta seguida por los Reyes en su recorrido por España tras el final del estado de alarma. Un portavoz confirmaba ayer a este periódico que las dos ciudades hermanas entrarían en esa ronda de visitas programadas este mes de julio. Algo no debió gustar, y no precisamente en este lado de la frontera, cuando comenzaron a manejarse todos los hilos que usted pueda imaginar para intentar matizar lo ya confirmado. Al nerviosismo le siguieron los llamados a ejercer el periodismo de la polémica: simples aficionados siempre prestos a robar frutos del cesto aunque los hayan recogido otros. Nunca cambian.
Zarzuela tiene un problema y este se centra en saber cómo va a manejar ahora los tiempos en torno a un recorrido por España en el que no caben discriminaciones, porque consentirlas supone un desprecio a parte del país amén de servir para alimentar los miedos históricos que siempre acechan sobre Ceuta y Melilla y que son manejados por los asustaviejas para su interés.
Discretos con la agenda de la Casa Real, esta vez no lo han sido y han avanzado una confirmación que luego, no se sabe por qué movimientos de alcantarilla, ha generado una auténtica revolución. Hay tiempo, quedan semanas por delante para conocer qué fecha del mes se va a elegir para que los Reyes de todos los españoles desembarquen en Ceuta y lo hagan también en Melilla.
Las relaciones con Marruecos están ahí, pero también el posicionamiento claro de un país que tiene demasiadas asignaturas pendientes con este lado del Estrecho y que debe saber marcar sus agendas de una manera nunca cobarde. Es simple, no nos traten como los descafeinados.






