E l hallazgo del cuerpo sin vida del pequeño Mohamed a primera hora de la mañana de ayer en Loma Colmenar es uno de los sucesos que más ha conmocionado la ciudad en los últimos tiempos. La tragedia sin paliativos acontecida con el niño de 8 años exige actuar con prudencia, respeto, responsabilidad y confianza en el trabajo de las Fuerzas de Seguridad para el esclarecimiento de lo sucedido.
En los momentos más duros para una familia como la del menor fallecido, su dolor exige más cautela que nunca. Eso persigue la declaración de secretas por orden judicial de las investigaciones iniciadas por la Policía Nacional después de que ayer comenzasen a publicarse detalles escabrosos que no solamente pueden ahondar en el sufrimiento de los allegados, sino incluso perjudicar las pesquisas de los agentes conducentes a aclarar si la muerte se produjo de manera accidental o no, como apuntan los primeros indicios.
Por mucha que sea la crispación social existente, en este momento es más necesario que nunca no entorpecer de ninguna forma las indagaciones policiales, así como tampoco elucubrar con hipótesis que todavía no tienen claras ni los propios investigadores a expensas de las pruebas recabadas sobre el terreno y las que se extraigan de los análisis forenses.
La Policía no debe verse ahora distraída por ningún tipo de ruido inútil a la hora de esclarecer la muerte del niño y encontrar, si lo hubo, a algún responsable para que la Justicia le imponga la pena que mereciese.






