La “nueva etapa” que se abre en las relaciones entre España y Marruecos dio ayer un nuevo paso con la conversación telefónica que mantuvieron el presidente del Gobierno de la Nación, Pedro Sánchez, y el rey de Marruecos, Mohamed VI, para lanzar “una hoja de ruta” entre “dos países vecinos y socios estratégicos” basada “en la transparencia, el respeto mutuo y el cumplimiento de los acuerdos”.
El restablecimiento del contacto directo entre los máximos mandatarios de los dos Estados supone un nuevo afianzamiento del final de la crisis y la cimentación de una reconciliación que parece avanzar todavía más rápido de lo inicialmente previsto.
De hecho, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha suspendido la visita que hoy iba a realizar a Rabat con el fin de viajar a Marruecos “en los próximos días” junto al propio Sánchez, que supuestamente iba a demorar algo más ese desplazamiento.
Para Ceuta es fundamental que esta “nueva etapa” se asiente de verdad en los principios anunciados de “respeto”, sobre todo a la soberanía e integridad territorial, y de palabra para el cumplimiento de los acuerdos que se adopten en materias que tienen una incidencia clara para la ciudad como el control de los flujos migratorios irregulares o la recuperación de la normalidad en la circulación de personas y bienes por las fronteras terrestres y las conexiones marítimas.
La posible reapertura del Tarajal ha generado unas enormes expectativas que el Ejecutivo local ha hecho bien en atemperar solicitando que no se produzca hasta que su funcionamiento en condiciones esté garantizado en lo que a la seguridad y la estabilidad de Ceuta se refiere. Para ello es fundamental concretar no solamente los métodos de control de personas y pasajeros que se aplicarán, sino también las posibles modificaciones a introducir en la Ley de Asilo.






