Si buscamos avanzar en esta ciudad pero seguimos marcados por los prejuicios y la obstinación no solo no conseguiremos el desarrollo ansiado sino que seremos responsables de un gran daño que heredarán nuestras generaciones. La realidad social de Ceuta es la que es, la integración se consigue a base de diálogo y adopción de decisiones valientes que de una vez por todas se alejen de los pensamientos retrógrados que todavía pesan en esta ciudad. Pensamientos que están haciendo muchísimo daño generando debates y enfrentamientos que no conducen a nada y que, por contra, alimentan el separatismo, la generación de grupos enfrentados, la no integración verdadera.
Esta semana tenemos doble sesión plenaria y uno de los puntos a debate será el calendario laboral. La propuesta vuelve a aparecer: se pide que el final de Ramadán sea festivo. De nuevo surge el enfrentamiento. Dejando al margen el debate sobre fiestas religiosas o no, aquí se pone de relieve la realidad social de esta ciudad y cómo en un final de Ramadán o en una fiesta de la Pascua, Ceuta está bloqueada. De la misma forma sucede con una Navidad, se convierte en una ciudad fantasma.
Si buscáramos el beneficio de todos los ciudadanos, la normalización del día a día, el desarrollo y el abandono de la crispación sin sentido, no perderíamos un minuto más en debatir lo que a estas altura no debiera ser objeto de debate. Lo grave es que siempre afloran los inmovilismos, los reproches, los malos gestos... y todo esto va en contra del avance de una ciudad que ya muchos se encargan de estropear día tras día.
Es inadmisible que todavía hoy se está peleando por conseguir la inclusión de fiestas que deberían haberse marcado en rojo hace tiempo. ¿Cómo es posible que en la elaboración del calendario escolar sí se tenga un mayor avance y se consiga lo que parece un imposible? No hay excusas si todos estamos unidos en el proyecto de ciudad real que queremos, sin perder tiempo en los debates paralelos que solo algunos se encargan de alimentar con discursos de asustaviejas, invasión, nos van a comer... Cuánto odio y cuánta inutilidad acumulada, cuánto daño se está haciendo a las generaciones venideras a las que tenemos que ayudar a una convivencia normalizada, no a la que solo ensalzamos en los papeles, en los premios o cuando Moseñor Zornoza se rasga las vestiduras.





