Ya nadie habla de ellos. ¿Se acuerdan cuando a diario nos bombardeaban con lo que ‘nos costaba’ mantener a los inmigrantes en el pabellón de La Libertad? Eran noticias diarias que iban siendo adornadas de la carga visceral con la que se hubiera levantado esa mañana el portavoz de turno. Había días en los que nos contaban la película de tal manera que parecía que el único y mayor problema de toda Ceuta fuera el coste que suponía tener metidos en un pabellón deportivo a más de 200 personas. Dinero. Solo dinero. Nada de hablar sobre cómo a una Delegación se le ocurrió ordenar la ocupación de este tipo de instalación inhumana para tal fin o cómo una Ciudad no fue valiente en denunciar los hechos donde debía. Porque se podía, claro que sí. Ni un estado de alarma puede invadir determinados límites superados durante muchas semanas y meses. Pero la clave era lo que costaban. Nada más.
Ahora eso ya no es noticia. Ahora los tenemos metidos en una nave mirando cada día el país que no quiere esforzarse en repatriarlos, mermando su derecho de acudir a una frontera, pasaporte en mano, y regresar a su tierra. Ahora los tenemos en ese lugar que, nos dijeron, ‘sale’ gratis durante seis meses y de cuyo futuro no tardaremos en sorprendernos. Pero ya ven, nadie habla, nadie opina y de un plumazo nos hemos cargado el ‘problema’. Es diabólicamente miserable ese cambio de discursos, tanto lo es que nos hace confirmar de qué manera asistimos al nuevo inventado juego de una clase política que decide cuándo algo es un problema, cuándo lo deja de ser y cuándo se tiene que comparecer para hablar de ello.
Quizá esto no fuera tan importante si no estuviéramos hablando de personas. Pero sí, lo estamos. Es algo más que dinero, es algo más que protestas y es algo más que maquinaciones plañideras que, a la vista de los resultados, tenían un fin pretendido y logrado. Ya no hay problema, porque se ha decidido que no lo sea. Tal cual.






