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Queridos átomos

Todos poseemos -con mayor o menor precisión- ciertas ideas sobre el átomo y sobre su importancia en la vida. La ciencia afirma que “los átomos son las unidades constituyentes de la materia. Todo está formado por átomos: lo que nos rodea […] y también nosotros mismos y la totalidad de nuestro cuerpo”. Pero ese carácter esencial que desempeña en cualquier ser contrasta con su tamaño ínfimo, hasta el punto de que es imposible captarlo a simple vista, ni siquiera con microscopio óptico, porque los átomos “son partículas diminutas, las unidades más pequeñas en las que un elemento puede dividirse y conservar sus propiedades químicas”. Esa condición de elemento mínimo hizo pensar a los griegos que se trataba de un cuerpo indivisible: ese es el significado en griego del término “átomo”. Los avances científicos de siglos posteriores -sobre todo del siglo XX- se encargarían de demostrar que el átomo sí está compuesto de partículas, dotadas a su vez de funciones diferentes. No cabe duda de que la descomposición del átomo ha propiciado indudables beneficios en el campo de la energía, en diferentes tipos de técnicas y en la medicina. Pero no podemos olvidar sus efectos destructivos en esos mismos campos: basta con recordar el horror causado en Hiroshima y Nagasaki.

Estas referencias al átomo en las líneas precedentes me las he hecho a mí misma por la sorpresa que me ha causado, ya desde el título, este nuevo poemario de Carmen Mestre: como indica en su prólogo Carlos Murciano, no hay precedentes -al menos recientes- de ningún libro de poemas dedicado al átomo.

"No cabe duda de que la descomposición del átomo ha propiciado indudables beneficios en el campo de la energía, en diferentes tipos de técnicas y en la medicina"

Y en este punto, no puedo menos que reflexionar con admiración sobre el verdadero quehacer del poeta; de esta poeta mallorquina que se atreve con toda naturalidad a traspasar los límites de lo invisible sin necesidad de ningún microscopio electrónico, movida exclusivamente por su condición de creadora, para desvelarnos una serie de aspectos, de matices ocultos para cualquiera de nosotros, que ella ha escudriñado concienzudamente, obteniendo como resultado un conjunto de veintiún poemas, casi todos en versos libres, en los que va desgranando a la luz de la mirada poética, una serie de consideraciones que avalan el título -Queridos átomos- de su poemario: “Y hay que amarlos porque no enojan / ni envejecen y no hay que buscarles / una residencia donde aparcarlos. / […] mas debemos sufrir por algunos / que habitaron un corazón latente / porque ellos sí supieron del dolor”.

En los tres primeros poemas la voz poética reflexiona sobre la condición sensible y sentimental de los átomos, pero a partir de las composiciones siguientes son ellos los que toman la palabra para comunicarnos el papel que desempeñan en nuestra propia existencia, aunque confiesan que “Carecemos de bocas habladoras / el silencio se erige en nuestra norma”. Sin duda, su presencia y su acción transformadora son incuestionables en los seres, en la naturaleza, en la vida; de ahí su condición paradójica -resaltada en este libro-, nacida de su propia esencia: una extrema pequeñez que se traduce en invisibilidad para el ojo humano. Y en este punto volvemos a la voz poética en el poema XIX -único soneto del libro- que examina “un átomo cualquiera. / No veo donde está, pero está vivo”. E insiste más adelante en su invisibilidad y en su intangibilidad: “Hay cuerpos que los ojos no perciben, / aunque laten despacio, no se inhiben / y están ahí al alcance de tu mano. / […] / Tú no puedes tocarlos y respiran, / quizás están cegados pero miran, / y son parte esencial del ser humano.”

Hermosa visión la que nos transmite Carmen Mestre en estos versos, construidos con extraordinaria fluidez rítmica, acerca del valor de lo ínfimo, de lo imperceptible para los sentidos, aunque imprescindibles para que florezca y se desarrolle la vida. Ciertamente a lo largo de la historia de la humanidad los científicos han desarrollado diversas y numerosas teorías sobre los átomos, pero sólo la creatividad poética -la de Carmen Mestre- nos desvela otra nueva y desconocida dimensión, esencial en la vida humana.

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