Te puede pasar a tí, a mí o a cualquiera. La vida nos depara circunstancias impensables en las que nunca nos paramos a pensar.
Creemos que a los otros les pasan cosas pero nosotros creemos que no formamos parte de los otros.
¿Qué sucedería si alguien necesitara un riñon? Ese alguien puede ser cualquiera: un amigo, un padre, una madre, un hijo, un compañero con el que has compartido el trabajo toda la vida o alguien cercano, muy cercano, que su vida depende del trasplante.
Cuando el problema es una hipótesis la solidaridad brota a borbotones; estamos dispuestos a la donación sin remilgos ni pegas, nos envalentonamos a priori sin tener en cuenta que puede suceder. Todo cambia cuando sucede.
Pruebas, quirófano, cambio de vida y otras circunstancias que son imprevisibles. Asumir los riesgos tiene un coste que debemos meditar.
Hagamos una lista de prioridades de los posibles candidatos y numerémoslos según las posibilidades potenciales de la donación: un padre a un hijo, un hijo a un padre, un amigo a otro, dos hermanos...
Siempre hay una fuerza, algo que no sueles pensar dos veces, una emoción metafísica de amor incondicional o de solidaridad inconmensurable.
¿A qué estamos dispuestos? ¿Podemos pasar los límites que superan todas las barreras?
Los seres humanos somos capaces de lo mejor y lo peor, de transitar el cielo y el infierno, viajar en el azote de la guerra o en un universo insondable para abrazar otras vidas que no son las nuestras. Existen donantes anónimos sin nombre ni apellidos, padres anónimos que, en el inmenso dolor de la perdida, donan los órganos de un hijo porque la vida debe continuar Y el hijo no puede morir del todo. Esos seres existen, pueden estar en cualquier sitio, en cualquier momento, en cualquier lugar desconocido.
La vida es comprometerse, la vida es un proyecto común, la vida es la lucha por el otro, el rayo que no cesa, el hacer, el estar, el vivir para que otros vivan. Somos lo que somos con los demás y por los demás, gotas en el océano en un mar azul, verde, gris. Esperamos ser rescatados por las olas que llegan a la isla que habitamos.
Mi madre siempre dice que si alguien te quiere incondicionalmente podemos estar a salvo de las inclemencias vitales.
Si estamos preparados con los demás, para los demás y por los demás, la existencia recobrará el sentido por el que tantas veces nos preguntamos.. “ Todo lo que no es dado es perdido”. Hoy el karma viaja en un riñon.
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