Hubo un día, hace algunos años, donde la Administración General del Estado dijo que iba a acabar con los superpuentes porque significan, sin ningún género de dudas, una pérdida millonaria para un país que no podía permitirse esos lujos.
Sin embargo, una cosa fueron las promesas y otra bien distinta, la realidad. Ahora nos encontramos con una polémica de estas características en la Ciudad Autónoma de Ceuta, de cara a la fecha del 3 de mayo que siempre se ha considerado como no laborable porque es el Día del Funcionario.
Si esta norma la aplicamos a rajatabla nos encontraremos, por un lado con que el 29 de abril, viernes, la mayor parte del personal municipal, bien sean funcionarios o laborales, habrá terminado su jornada de trabajo a las tres de la tarde y no volverá a su puesto hasta las ocho de la mañana del miércoles, día 4 de mayo. Al ser este año el 1 de mayo domingo, la festividad pasa al lunes 2, y luego, el 3 el Día del Funcionario. Un superpuente, desde luego, de los de antes.
No discutimos que esa fecha no figure entre las festivas dentro de los acuerdos entre sindicatos y Ciudad Autónoma, pero paralizar la Administración, de manera absoluta, durante cuatro días y medio parece algo fuera de toda lógica en una ciudad con más de trece mil parados. Es una humillación para muchos.
Y lo que es más inconcebible es que los sindicatos se hayan puesto de la manera que lo han hecho. No es normal.
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