Editorial

La ministra de Defensa, con Ceuta

15 días desde la comisión de un auténtico ataque a Ceuta. 15 días desde que la normalidad de esta tierra fue alterada por completo por un país, Marruecos, que permitió que miles de personas irrumpieran a las bravas en la ciudad bordeando el espigón del Tarajal.

Durante todo ese tiempo, Ceuta se ha visto desamparada no solo por la lenta reacción de un Gobierno de la Nación que en los primeros gestos atentatorios contra nuestra integridad territorial estuvo desaparecido. También lo ha estado por la falta de empatía, proximidad y entendimiento de buena parte de la cúpula ministerial que ha desfilado por esta ciudad.

Como bien apuntaba el presidente del ejecutivo local, Juan Vivas, la situación se agrava día tras día y la falta de soluciones rápidas y medidas eficientes son constatadas por las consecuencias que todos los ceutíes sufren.

Desde barriadas ocupadas hasta un grave impacto en la limpieza y cuidado de los bienes comunes, pasando por el aumento de delitos -algunos tan execrables como las agresiones sexuales a menores-, y la presión derivada de la presencia de miles de personas en las calles de las que nada se sabe, ni su identidad ni su pasado o procedencia.

Esto genera una inseguridad objetiva, una inseguridad clara que puede derivar en auténticas tensiones sociales. Extender esta inestabilidad en el tiempo irá en perjuicio de una Ceuta que ha trabajado mucho por salir adelante, por fortalecer su tejido social y por mostrarse al mundo como un territorio igual que el resto.

Nadie puede entender a qué se ha debido tamaño despropósito. Nadie puede asimilar que un presidente del Gobierno se haga el remolón para venir a Ceuta a resolver un problema que incide en la seguridad nacional y que 24 horas después se asome a la ventana pública de las redes sociales para recomendar canciones de verano. Es un insulto a todos los ceutíes y a toda España, porque atentar como se ha atentado contra la frontera es hacerlo contra todo el país.

Las erráticas consideraciones de un ministro del Interior como Fernando Grande-Marlaska, con experiencia en el terreno, recalcando que se había alcanzado la normalidad han terminado por completar un panorama desalentador para los ceutíes, dañino también en lo personal y en lo psicológico.

Ceuta no se merece esto. Ceuta no se merece un desprecio resumido en la inacción evidenciada al no haber aportado los medios de seguridad y control, además sanitarios, suficientes desde el primer momento. Se tardó incluso en materializar la presencia del Ejército en las calles, horas perdidas porque no se quería tener la imagen de los militares en la playa del Tarajal, todo un despropósito para esta ciudad y este país.

La visita de la ministra de Defensa, Margarita Robles, merece ser remarcada por la sinceridad, la empatía que ha demostrado con los ceutíes y la determinación para ofrecerle toda colaboración al presidente de la Ciudad, demostrándole el cariño sincero que tiene a esta tierra.

Robles se dejó de loas sin sentido y de mensajes agradecidos. “Ceuta y Melilla son españolísimas, no se las toca”.

La ministra, emocionada y sentida, dejó claro su enfado más enérgico y su determinación a ofrecerse a Ceuta para lo que necesite, marcando como prioridad esta ciudad. Pero no solo hizo eso. Habló con la gente, tendió la mano, escuchó a quien lo necesitaba. No se escapó, no se ocultó en un coche oficial, no se alejó de la ciudadanía. Estuvo al lado de ceutíes que le confesaron tener miedo, que le trasladaron su enfado y su pesar. Robles no los evitó, los atendió, los comprendió, empatizó con esa situación tan crítica que está soportando esta ciudad.

La ministra se bajó del atril, del pedestal, de las etiquetas. Estuvo con la gente del pueblo, escuchando y diciéndoles lo que estas personas necesitaban escuchar. Ese gesto tan sencillo de Robles es el que debería haber tenido desde el minuto 1 el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. No lo tuvo, vino, se marchó, no solucionó ninguna crisis y no se entremezcló con las personas de esta ciudad que están sufriendo el mayor de los golpes que ha recibido esta tierra.

Familias que arrastran todavía el impacto emocional de este auténtico mazazo, de este ataque que supone que en cuestión de horas entre en Ceuta prácticamente toda su población, y lo haga sin miramiento ni respeto, causando una grave grieta a la seguridad.

Ceuta necesita medidas urgentes, la activación de toda la maquinaria del Estado, necesita actos concretos, menos promesas y más acciones enérgicas y rápidas.

Cada día que pasa es uno perdido en la necesaria normalidad que es cuestión de Estado.

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