Apropiarse de la Patella Ferruginea es delito. Retirarla de su entorno natural, también. Hay sanciones y precedentes de intervenciones de la Guardia Civil, pero las consecuencias de lo que son atentados claros contra una especie protegida en Ceuta siguen viéndose.
Tras la auténtica invasión sobre la ciudad, la propia asociación Septem Nostra se hizo eco en una colaboración con El Faro de los daños ecológicos. En esa ruta se incluye también los provocados contra la Patella Ferruginea, el otro daño colateral de la entrada masiva.
En la zona de Benítez-Calamocarro se han localizado claros ejemplos de este impacto medioambiental.
Ahora son más evidentes, por cuanto la proliferación de asentamientos deriva en actos que terminan atentando contra especies protegidas, pero también es justo mencionar que, al margen de esta entrada masiva, seguían produciéndose sucesos de este tipo que fueron alertados en puntos como, por ejemplo, el Sarchal.
Septem Nostra siempre lo ha reclamado: urge la adopción de un plan de ordenación del litoral de Ceuta. El carecer de dicha protección tiene estas consecuencias.
El impacto medioambiental que sufre Ceuta ya se aprecia, pero se constatará de forma más clara cuando se vayan eliminando los asentamientos en zonas que tienen protección.
Daños en puntos como las colonias de gaviotas, medio ambiente, entorno natural y la propia Patella Ferruginea.
“A simple vista puede parecer un marisco más adherido a nuestras rocas, pero la Patella Ferruginea (Lapa Ferrugínea) es una de las especies más amenazadas del Mediterráneo, y tenemos la inmensa suerte de que Ceuta sea uno de sus últimos santuarios mundiales”, reflexionaba en una de sus últimas intervenciones la propia Guardia Civil.
“Recolectar estas lapas para consumo o como cebo no es una infracción leve. Es un delito contra la fauna y biodiversidad marina que puede conllevar penas de prisión y multas elevadísimas”.
La Patella Ferruginea tiene protección, conseguida de hecho tras una lucha de las asociaciones ecologistas y sobre todo de Septem Nostra, que acudió a las más altas instancias europeas para que el Puerto empezara a controlar que no sufrieran agresiones debido al peligro de desaparición que existía y, de hecho, sigue existiendo.
Conforme a la información del Ministerio para la Transición Ecológica y Medio ambiente, la lapa ferrugínea o Patella ferruginea, se halla incluida desde 1999 en la categoría de “especie en extinción” del Catálogo Español de Especies Amenazadas.
Esta especie, que habita exclusivamente en el Mediterráneo occidental, es uno de los dos únicos moluscos marinos de las costas españolas incluido en dicha categoría.
Su persistente amenaza no impide que la ausencia de protección derive en estas consecuencias.
Pero hay más. Los acantilados en los que hay asentamientos también están protegidos, algo que resaltó Septem Nostra en una colaboración publicada en este medio.
“Los acantilados fueron declarados LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) y ZEPA (Zona de Especial Protección para la Aves) por la Unión Europa. La importancia ambiental del Monte Hacho se vio reforzada con la declaración de un LIC marino que incluye una ancha franja litoral del Monte Hacho”. Su protección es otro de los escenarios que han sido advertidos por la asociación ecologista.
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