Editorial

Ronda de ministros por Ceuta

La ciudad comienza esta semana con visitas diarias de ministros para hacer sentir a la población que el Gobierno de España se implica en el peor de los momentos que ha sufrido Ceuta. A Torres le siguió Albares y hoy Robles. Tres ‘primeros espadas’ de un Estado que tiene la difícil tarea de demostrar a los ceutíes que realmente están respaldados, protegidos y atendidos.

No es esa la sensación estilada hasta la fecha. Y no lo es tras los patinazos y comparecencias equivocadas como la del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que vino a publicitar una “normalidad” que no había llegado. O la del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que no dio la talla ante una población que se sentía desprotegida y que hoy se topa con una ciudad extraña.

Si duro fue el impacto de sufrir una avalancha como la del 30 de julio, provocada por la falta de control de fronteras de Marruecos, sigue siendo duro también el hecho de que no se hayan adoptado medidas urgentes ante las dimensiones del problema que se había ocasionado.

El Gobierno de la Nación ha llegado tarde e intenta ahora avanzar en el camino ofreciendo una imagen de implicación mediante el desembarco de los principales responsables de los ministerios para situar a Ceuta en el mapa de la atención prioritaria que se merece.

Pero esa imagen de implicación política se tiene que traducir en acciones urgentes, en menos palabras y más hechos, en menos promesas y más ejecuciones. A estas alturas no se puede ir de anuncio en anuncio, sino que se tienen que adoptar medidas con resultados tan rápidos que la población empiece a creer que esa normalidad está llegando, que esa normalidad se está alcanzando.

La imagen está bien cuando la normalidad existe, pero en Ceuta ese día a día fue robado el jueves 30 de julio cuando miles y miles de personas entraron bordeando el espigón del Tarajal porque en el lado marroquí no existió una protección obligada de fronteras que ahora sí se exhibe ante el anuncio de entrada señalado para el día 15.

Feria suspendida, verano sin playas, repunte de hechos delictivos en las calles, menos salubridad, más carga asistencial en los centros sanitarios, una frontera cuya permeabilidad es evidente... y, ante todo, un impacto emocional y psicológico tremendo en una población cuya seguridad e integridad territorial han quedado violentadas.

Miles y miles de personas salieron a la calle para mostrar su crítica hacia la inacción política, para ondear la bandera de su tierra y la de España y para clamar por el bien de esta ciudad. Esas miles de personas tenían a sus espaldas a sus familias, a sus seres queridos, a su historia, a sus lazos sociales quebrados, a su Ceuta, a esa Ceuta que se defiende porque se quiere, se ama y se respeta.

Todos ellos clamaron por una atención del Gobierno central que no llegó a tiempo. Por eso ahora y no es momento de anuncios, de loas a Marruecos o de paseos. Los ciudadanos quieren garantías, quieren recuperar sus vidas y tener esa tranquilidad perdida a golpe de avalancha en lo que ha sido el peor de los momentos para esta ciudad.

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