Os iba a hablar de los desgraciados que tiran petardos, pero ellos no tienen razón de ser, ni merecen más que una palabra malsonante y escupida al viento. En cambio, para vosotros, me permitiré abrir un melón para ofreceros buenos deseos. Por mi propia experiencia, no soy amante de consejos ni desvaríos, y mucho menos en los inicios de año. Sin embargo, para nosotros (permitirme que me incluya) que peinamos canas en forma de dolor en los huesos y decepciones varias, que vemos a los nuevos años no como oportunidades sino como consecuencias, que movemos mentalmente una página que ya no existe realmente en el calendario, no nos da el tiempo más vida sino menos camino a lo inevitable. Pero me niego.
Hoy que el viento aúlla en mi ventana mientras os escribo, hoy que las cosas no han salido del todo como queríamos, en este nuevo día de cada nuevo año, me niego. Por eso, me gustaría que lo toméis como un regalo nuevo por abrir, porque deberíamos esperanzarnos con todo lo que habido en nuestra vida y hemos superado, porque hemos amado con desesperación, porque hemos perdido aun cuando hemos ganado. No queremos dejar atrás lo conseguido, ni a los que amamos, aunque no estén, pero sí el dolor, la frustración y la impotencia. Hay un gran escaparate puesto solo para nosotros que podemos vislumbrar en nuestro corazón. Pero necesitamos amarnos, cuidarnos, darnos lo que a manos llenas hemos dado a otros, querernos y comernos la boca a besos- de esos pegajosos que nos daban nuestros hijos cuando aún no alzaban un palmo del suelo y eran poco más que corazón y vida abriéndose paso ante nosotros.
Nos lo debemos, porque nos hemos dejado de querer por un tiempo, sucumbiendo a los desaires en la vida. De tanto luchar, hemos agotado la paciencia. Queríamos logros en una sociedad que consume corazones y bondades, tragándoselo todo porque siempre tiene más hambre. Deja a su paso, soledad, hastío, decepción y desánimo. Deja enfermedades, porque no hay peor mal que no querernos a nosotros mismos, ni respetarnos o no estar ahí cuando caemos para levantarnos. Nos hemos creído ese cuento de que necesitábamos que nos quisieran para validarnos cuando lo primero debe ser querernos nosotros, validarnos nosotros y respetarnos como nuestro guía espiritual y mental que nos saca siempre de aprietos. Porque quién si no estaba ahí cuando nacimos, solos y desamparados, mirándonos desde las cuencas de nuestros propios ojos, reconociéndonos y clamando para que nos dieran lo que nos merecemos, una vida feliz y plena. Ahora nos encogemos en un capullo existencial porque creemos que ya no tenemos derecho a nada, pero me niego. Niego la soledad, el hastío, la desesperación y la impotencia. Dejemos atrás el dolor, la nostalgia y las penas y démonos a los placeres chiquitos, a la buena vida que nos podamos permitir, porque la última vez que miré, los atardeceres y los paseos aún eran gratis, las buenas personas, escasas pero memorables, y los saludos sinceros, un calor que alimentaba el espíritu sin asfixiar las ideas. Besaros en mistad de la boca como si os fuera la vida en ello, quereros más que habéis querido nunca a nadie y saber que yo haré lo mismo que cada uno de vosotros. Os lo prometo.
Son muchos los vecinos de Ceuta que han contactado con este periódico para mostrar su…
El cardenal español y arzobispo de Rabat (Marruecos), Cristóbal López, declaró esta semana a EFE…
El salón del trono del Ayuntamiento ha acogido este sábado en Ceuta la boda de…
El PSOE llevará al próximo Pleno una propuesta para la creación de una ‘App Casa…
El pasado 10 de abril comenzó el plazo de escolarización en los centros públicos y…
La sexta edición del ya clásico, o al menos va camino a serlo, ‘Trail Los…