Mañana estaré volando sobre Ceuta destino Granada. Comienza la PAU (Prueba de Acceso a la universidad).
Ceuta, Melilla, provincia de Granada y Granada serán los ejercicios que tengamos que corregir. Ceuta corresponde a la universidad de Granada y allí estaremos vigilando y corrigiendo.
Ya soy un experto en la materia pues ésta será mi selectividad número 23, todo un experto en la materia.
Los compañeros de trabajo me dicen que estoy como una regadera; se preguntan asombrados cómo tengo ganas de corregir en 4 días 175 exámenes (con10 y 12 carillas) después de estar todo un curso con cientos de pruebas que hay que evaluar.
Será que soy masoquista, que conozco a nuevos colegas, que quiero saber los niveles de la asignatura en otros centros y lo que se cuece a la hora de ponernos de acuerdo 14 correctores en esta materia que tiene una dosis de subjetividad por más que intentemos ponernos de acuerdo.
Sí es cierto que los resultados son similares, pero si comparamos con otras provincias andaluzas hay mucha diferencia cuantitativa siendo el mismo ejercicio y, aunque existan unificación de criterios, puede haber un abismo de dos puntos. Y es que los filósofos tenemos complicado llegar a un consenso por muchas reuniones de coordinación que hagamos. Es cierto que hay un ejercicio de disertación y ahí la subjetividad nos acosa. Las más de las veces queremos ser tan objetivos que nos pasamos tres pueblos.
En las largas horas de corrección vamos comentando dudas, anécdotas, discrepancias y alguna otra barbaridad del alumnado que arranca una sonrisa; aquí van algunas: El mito de la Taberna de Platón, “pienso luego existo” de Descartes, Nietzsche vivió en la época de los sofistas, Platón no se llevaba nada bien con Ortega y Gasset. Creo que la más fuerte fue la de confundir la sustancia en Descartes con la sustancia del Avecrem , aunque el mito de la taberna es la más popular.
Este año la vigilancia de pinganillos y cualquier aparato nos va a volver tarumbas; no es de extrañar que lo mismo suena una alarma como la que salta en cualquier comercio si te llevas algo sin pagar.
También el primer día los nervios hacen estragos: lágrimas, ataques de ansiedad, errores, olvido de etiquetas identificativas y preguntas sobre el contenido del examen que no podemos aclarar.
El proceso final es la informática, introducir las notas en los ordenadores pasando sobre las etiquetas el lector similar al supermercado en una sala habilitada para ello. Luego toca la cerveza, la infusión o el café de la despedida y volver a la madre patria: Ceuta.
Algunos profes suelen decir “Una y no más, Santo Tomás” pero volvemos a vernos en la Meca universitaria.
Mientras tanto los alumnos esperarán las notas, los sustos, el ¿cómo es posible, si saqué un 1O en el instituto que me pongan un 3 en la selectividad? El examen me salió perfecto”.
Y es la suerte, el corrector, el examen que caiga, las notas infladas en los institutos falseando el conocimiento real; todo ello condicionará la nota final de la PAU.
Cada vez que tengo un examen delante pienso en la persona anónima y en mi responsabilidad. Todo ello me hace pensar en Kant y en sus imperativos: Debemos actuar como si nuestras acciones fueran a convertirse en leyes dentro de una comunidad ideal de seres racionales, donde cada persona es tratada siempre como un fin en sí misma.
Ya os cuento cuando termine el proceso.
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