Editorial

¿Qué está pasando?

La ciudadanía no se siente segura. No hay día en el que no despertemos con un suceso violento. Sucesos graves, demasiado para que se califiquen de “hechos aislados” con la única justificación de autodefensa política, cuando resulta que los gobernantes están para defendernos a nosotros no para defender su imagen pública. La emboscada sufrida ayer por seis trabajadores de Trace no hay que entenderla como un conflicto  puntual que afecta únicamente a estos empleados. Sería una necedad hacerlo. El suceso se enmarca en una particular alerta roja que nos está indicando que algo no funciona desde hace tiempo. Ya no hablamos solo de los atracos violentos que casi a diario se están produciendo en distintas barriadas, tanto de noche como a plena luz del día. Estamos señalando actos tan graves como el ocurrido esta semana con la quema de un coche de un guardia civil y una motocicleta de un policía nacional. Si a todas estas circunstancias añadimos la situación diaria en la frontera o la que se registra en el puerto, ofrecemos un panorama demasiado preocupante como para que sea pasado por alto. La Ciudad, sin tener competencia en materia de seguridad ciudadana, se lanzó a la piscina vendiendo soluciones ineficaces, creyendo que con ocho agentes más en fin de semana se solucionarían los problemas. Una visión infantil porque la raíz del problema que está padeciendo toda la ciudad no se solventa con un servicio de fin de semana. El origen está en un fracaso a la hora de diseñar los planteamientos de seguridad que dan pie a imágenes de barrios completamente abandonados, en los que la presencia policial es nula  lo que no hace sino dejar más vía libre a los delincuentes, generando una inseguridad que para nada es subjetiva, sino que es real.

Trace sufre hoy en primera persona las consecuencias de esta quiebra y reclama que los operarios vayan escoltados por la Policía, como también lo son los Bomberos. Es una petición basada en el miedo y la tensión del momento, pero la Policía no puede escoltar a cada profesional que se vea atacado y agredido. Hay que actuar de raíz porque lo demás son parcheos imposibles de sostener ante la falta de efectivos policiales.

Si la clase política es incapaz de ver el fracaso en materia de seguridad nunca daremos con la solución a un problema que no hace sino aumentar. El nivel del fracaso no lo miden las estadísticas sino los hechos que se registran a diario a pie de calle y en cualquier punto de la ciudad.

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