La situación que atraviesa Ceuta está bien alejada de la normalidad. No la hay y cualquiera que viva en esta tierra ha visto cómo de la noche a la mañana sus libertades han quedado mermadas. Este verano de 2026 pasará en Ceuta como el verano robado, el periodo en el que los ceutíes tuvieron que, prácticamente, quedarse en sus casas, sin disfrutar de sus playas y su vida social. Ese 30 de julio lo cambió todo, ese jueves esta ciudad sufrió el peor de los golpes experimentado, un mazazo histórico que está teniendo sus consecuencias semana y media después.
El Gobierno de España debe ordenar medidas urgentes para que los ceutíes puedan recuperar el día a día. No lo está haciendo. Más allá de un desfile de ministros, en Ceuta no se notan cambios y solo se reciben anuncios.
Está calando esa sensación de dejadez, de habitar una ciudad extraña en la que se están perdiendo la salubridad en sus calles y la normal convivencia.
Y eso, en una ciudad tan pequeña es malo. Mucho.
El Gobierno central no debe dejar pasar ni un solo minuto más en ejecutar medidas urgentes, de impacto, que ayuden a calmar la presión que está viviendo una ciudadanía que en nada volverá a su rutina de trabajos, a la vuelta al cole, pero con una sensación demasiado extraña.
Los ceutíes no necesitan anuncios y promesas, requieren hechos, mejoras inmediatas, acciones concretas. No todos son refuerzos en materia de seguridad, hay algo de mucha más envergadura a lo que nadie parece estar haciendo caso: el daño psicológico, el impacto emocional que está viviendo Ceuta y que está provocando una extensión del miedo imperdonable.
El Gobierno de España, el mismo que anunció una falsa normalidad, ya reconoce que la misma no ha llegado a las calles y ya empieza a asumir públicamente el volumen de quienes cruzaron el espigón. Más de 70.000 personas. En menos de 48 horas, Ceuta se vio invadida por el mismo número de toda su población.
Eso es un desastre mayúsculo cuyas consecuencias siguen. Y lo hacen porque todavía quedan miles de personas, muchos niños, que han causado una presión que debe ser atendida de inmediato.
No se pueden causar situaciones tan anómala como la protagonizada ayer por cientos y cientos de menores que ocuparon todo el frontal de la Jefatura Superior y llegaron a permanecer durante horas en un espacio público impidiendo el tránsito de vecinos, comerciantes o cualquier ciudadano. Esto no es normal. Ni es normal lo que ha ocurrido, ni tampoco la forma en la que se están gestionando las consecuencias posteriores.
Pueden seguir desfilando ministros, que Ceuta necesita ya otras acciones contundentes y urgentes.
El Gobierno de España es el responsable de esta situación completamente extraña para la que nunca se está preparado. El delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez Triano, hace lo que puede para asumir una situación extrema, una problemática que le supera, un tema que le desborda y que exige por parte del Estado algo más que anuncios, pareceres, buenas imágenes y visitas. Todo esto sobra, hay que intervenir de inmediato porque la situación se va de las manos.
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