En realidad, no me hubiese importado en lo más mínimo evitaros a todos esta columna, pero la Vida, Dios, el Universo o quien coño le dé el botón de estas cosas, no lo ha querido así. La Vida mamá, la vida, como decía alguien que recuerdo mucho.
El caso es que en estas estamos. Muchos y muchas, insisto. En fin, ya conocen el dicho “si la vida te da limones…”, pues a nosotros nos trae un “PUTO CÁNCER” y con él hay que lidiar. No hay otra.
Cuando te dicen que tienes cáncer, sea donde sea, el mundo se abre bajo tus pies y el cielo se te cae encima. En mi caso la zona Ø es en Valencia, con el equipo de trabajo de Cruz Roja Ceuta, unos de los primeros en llegar, por cierto.
Todo es lodo, desolación, trabajo a destajo y un extremo cansancio que no te deja pensar.
Pero suena el teléfono y te pronuncian las dos palabras que hacen que el mundo se pare para ti y para los que te quieren: “cáncer” y “metástasis”. Como dice Manu Sánchez,”es una hostia a mano abierta”. Y tanto que lo es.
Entonces, te sientas en un portal con el barro hasta las rodillas y te preguntas cosas absurdas, sin sentido, como las que se le preguntan a la muerte:
¿Por qué a mi?
¿Por qué ahora?
¿Por qué no puedo decírselo a mi hija?
¿Cómo se lo digo a mi madre?
¿Cómo se le digo a la mujer que comparte mi camino?
¿Y a mi gente?
¿Qué coño hago ahora?
¿Esta va a ser la estación términus, en una Valencia arrasada por la DANA?
¿Ahora es donde sale el rótulo “FIN”, como en las pelis de los directores franceses que tanto me gustan?
Si en ese momento tienes la suerte de estar rodeado de hermanas y hermanos como yo lo estoy, la deflagración se atenúa un poco. Pero las palabras “cáncer” y “metástasis” van a su bola y no paran de rebotar en todos los rincones de lo que aún te queda de cerebro. Eso es inevitable, pero sigues, ¿qué otra cosa puedes hacer?
Y llegan las pruebas que, como bien te dicen, le ponen nombre y apellido a lo que tienes dentro y te está matando.
Yo exijo la verdad, y te la dicen. Médicos como Rafa, mi Querido Gemelo, Jose Querol, Fernando Alarcón y Victor Nieto, mis médicos de guardia permanente que, junto con Clemen (que no es galeno, pero como si lo fuese) o mi Malulo, que son mis Hermanos del alma, me hablan hiper claro, cristalino. Hannan y Hassan, mis oncólogos en el Hospital de Ceuta, tampoco se quedan nada de esa verdad. Dice Serrat que nunca es triste la verdad, que lo que no tiene es remedio. Esa puta verdad también es fría y desprovista de prólogos superfluos. Resumen de los informes en Román Paladino: esto no va a ser fácil, pero el telón sólo se echa al final de la obra y ésta aún no ha empezado. Y comienzo el periplo cabalgando la verdad. Hay quien no la quiere o no la necesita, yo sí. Gracias de Corazón por extendérmela como la vida desgrana instantes.
Hay que volver a operar “a lo bestia” y resignado te entregas, ¿qué otra cosa puedes hacer?
Mientras aún no estoy despierto de la brutal intervención, oigo, entre los vapores de la anestesia, que “ya está todo limpio, todo ha ido bien”. En ese limbo fentanílico tengo la suerte, al abrir los ojos, de ver a mi Hermano Clemen, a mi Sister Alicia, a mi Boss Verónica, a mi Hermanilla Mila, a mi Carmen y a Mina al teléfono. NO, no estoy solo. Los sigo viendo a diario, me siguen soportando y son ese apoyo imprescindible para seguir dando un paso más. Siempre uno más que ayer.
Los besos, abrazos, bromas de los que te quieren (lo siento, me resulta imposible nombraros a todos y a todas) y esa mano estrechada con la mía son esa otra quimio que tanto necesitamos. Constantemente.
Te recuperas un poco, sales a la calle y te cruzas con medio planeta. El otro medio queda para por la tarde. En sus miradas tú sabes que lo saben. Algunos, con su comportamiento, te dan el pésame por anticipado y no, no es agradable, pero no estás para explicar que hoy en día el “PUTO CÁNCER”, aún siendo una reverenda putada, no significa morirse, y hasta tú mismo intentas, con más o menos convicción, creer en esa verdad que te fabricas apoyándote en datos veredes. Todo es complicado con esta mierda de enfermedad, hasta rendirse…porque nadie entiende que ya no te apetezca seguir y digas, como en “Palabras para Julia” de Goytisolo, no puedo más y aquí me quedo. Parece que estás luchando contra el miedo de todos. “PUTO CÁNCER”.
Después vienen quienes te dicen que “tú eres un guerrero, no pierdas el ánimo, que eso es fundamental”. Y entonces piensas en tu madre que, operándose un día antes que tú, se ha ido fulminada en pocos meses por otro “PUTO CÁNCER” pero que, eso sí, jamás perdió el ánimo hasta que los tumores la convirtieron en otra persona. Te rindes a la evidencia de que nada es fácil y esto, menos.
Y luego llegan lo que te dicen que “no pasa nada, ya verás que esto no es nada”. Ahí ya ni contestas, sólo asientes ligeramente y sigues en el camino. ¿Para qué? Esta es tu guerra, sólo tuya y de la gente que te quiere.
El miedo a la muerte es terrible y yo lo tengo, como todos, supongo. Asumes que esta función se acabará algún día, si bien procuras regatearle horas al ocaso momento. Entiendo que es el miedo a la muerte el que empuja a que te digan ese “no pasa nada”. Pero sí pasa. Y pasa mucho.
Son horas de quimio, en mi caso de inmunoterapia, de análisis que se suceden sin parar, de TAC’s y PET TAC’s de los que quieres saber lo que dicen, siempre que no sea feo. Son viajes al hospital, y de amigos que mientras tú intentas salir, se quedan en el camino porque el “PUTO CÁNCER” así lo ha decidido. Es la pérdida del pelo, la vergüenza de pasar por un bicho raro sin cejas y de tener ganas de vivir y de morir al mismo tiempo.
Así que lo de “PUTO CÁNCER” es poco. “PUTO CÁNCER” es un aldabonazo para recordarte que tu vida depende de que funcione la sustancia química que te han prescrito tus oncólogos y que, con todo el cariño del mundo, y un poco más, te transfunden Alicia y sus compañeras. GRANDES todas.
Intentas no obstante no dejarte caer, no hundirte y no perderte. Empleas el humor negro a modo de barricada, como cuando vas a visitar a tu gente al trabajo y sueltas “claro, me habéis movido la mesa porque como tengo cáncer y me voy a morir ya os doy igual”. Es una forma de encararlo, y cierto es que no siempre te apetece hacer de tu “PUTO CÁNCER” un chiste, pero es una manera de blindarte, de quitarle dramatismo a todo y de poder reírte de esa muerte y de los sufrimientos a los que, en el fondo, tanto temes. No obstante, lo que más te preocupa, por encima de todo, no es que esto se acabe, lo que realmente te produce un terrible pavor es provocar lástima y pena, a la par que ser una carga para quienes te quieren. Cada uno con sus mierdas, ¿verdad?
Y en mitad de este vía crucis (o como coño le quieras llamar a esta mierda) te encuentras con una Voluntaria del Asociación Española contra el Cáncer (AECC) de Ceuta que te ofrece un café y te regala una sonrisa. Les aseguro que no hay nada más grande que el corazón de un voluntario, de una voluntaria, sea de donde sea y haga lo que haga. Pero la AECC resulta ser mucho más que un café en mitad de tu sesión de quimio. Representan la ayuda a un paciente de cáncer en muchos aspectos e incluso en la investigación. Una pena que se desconozca tanto su labor. A todos ellos y ellas, como al resto del Voluntariado, GRACIAS POR TANTO.
Y sigues rodeado de tus compañeros de fatiga y vómito y de un equipo sanitario absolutamente increíble y entregado, sintiendo como el veneno sanador corre por tus venas en el Hospital de Día de Ceuta. Cura y ponzoña, qué extraña combinación, qué oxímoron existencial que busca salvarte la vida. ¿El rojo y el negro no se acoplan en los atardeceres? Cantaba Brel en “Ne me quitte pas”, debe ser eso.
Y sí, he dicho hospital de Ceuta, Sanidad pública, la de todos, pagada por nuestros impuestos y que, si bien siempre tendrá aspectos mejorables, no te piden ningún tipo tarjeta (menos la sanitaria) para curarte. Llevo 40 años cotizando, y creo que en este año y medio me he fundido el crédito a favor que pudiese tener en Hacienda. En Estados Unidos, por ejemplo, ya estaría enterrado.
Y mientras pita la bomba que te impulsa vida, me acuerdo de personas cercanas de las que la vida te apartó, o tú te apartaste, y que están pasando por el mismo trance. Al final, el dolor no entiende de bandera, apellido, circunstancias, consanguinidad o anillos de boda. Eso es una faena y puta ironía de la vida (ya sé que lo de “puta” no te gusta, lo sé) nos volvemos a encontrar en este pedazo de jodido sendero caminando con el rumbo puesto al 1-8-0. Celebraremos el final de toda esta mierda, probablemente cada uno por su lado, o quizás juntos, pero lo celebraremos, seguro. El camino derecho, que ya sabes que siempre es el más recto. Bien lo sabes.
Esta catarsis a modo de confesión, o de testamento, cada cual que se lo tome como quiera, llega a su fin por ahora. Espero poder escribir su epílogo en lugar de que otro venga a escribir mi epitafio. Es la esperanza de todos y todas los que padecen el “PUTO CÁNCER”. Es así. No puede ser de otra forma, lo contrario es abandonar desde el kilómetro cero, eso sí que no.
Pero ahora, cuando casi alcanzas la meta, cuando prácticamente escuchas los aplausos de la prueba realizada, te asalta otro miedo. Uno más. En pocos meses todos se alegran por ti y tú, obviamente, quieres contagiarte de esa alegría, faltaría más. Sin embargo, el terror de caminar [afortunadamente] ya por tu cuenta te corroe. Y ahora, ¿Quién va a cuidar de mi mes a mes? ¿Ya no va haber nadie que te shoote en torno al día 11 de cada mes, asegurándote la ración de ese cianuro que te protege y salva? Tienes que reaprender a andar sólo, sin que te cojan la mano. Es el vacío de nuevo. ¿Lo soportaré? Me releo y me da vergüenza de mi mismo porque, ¿cuántas compañeras y compañeros darían lo que no tienen por tener estos miedos y no el del minutero que corre en su contra? Terrible ese “PUTO CÁNCER” que nunca quiere abandonarte y del que no te puedes alejar de su sombra. Tampoco la parca que parece siempre acompañarlo, aunque hoy afortunadamente, en muchísimos casos la esperanza de vida es muy alta.
No quiero terminar esta purga emocional sin agradecer el trabajo y la dedicación de todo el personal del Servicio de Oncología que cuidan de mi, de todos nosotros, en Ceuta. Médicos, enfermeras, técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, limpiadoras, celadores, y administrativos forman una eficaz escolta blindada contra el “PUTO CÁNCER”. Pero ¿de qué forma se puede agradecer la labor de quienes luchan por tu vida sólo a cambio de tener la satisfacción de verte tocar la campana de la curación?
“Castillo, de esta no te vas a morir, nos quedan muchas cosas por hacer todavía”, mi Hermano Clemen y mi Boss no se cansan de repetírmelo en lo peor de lo peor de toda esta historia, es decir todos los días. Prometido, queridos todos, haré lo posible, Hermanos. Os lo aseguro.
Mi Mañica preferida me dijo llena de esperanza, aún y cuando ya sabíamos que su fin estaba cerca, “tenemos que ir a Florencia con tu hermana Flor y Mina, Germi. Nos vamos a poner buenos y vamos los cuatro a visitar Florencia y las obras de arte que hay allí y a reírnos de todo como nos reímos en Nueva York “. Sí máma, te lo prometo, iremos a Florencia.
Un avión ambulancia que trasladaba a dos pacientes procedentes del crucero MV Hondius, presuntamente afectados…
En el marco de la 22ª edición de las maniobras conjuntas 'African Lion', los Ejércitos…
El caso de la agresión registrada frente a un club nocturno en la zona de…
Este miércoles se ha vivido un momento mágico en la pista ‘La Libertad-Ilias Buyema’, cuando…
La Plataforma de Afectados de Usuarios del Puerto Deportivo de Ceuta quiere trasladar públicamente su…
El Tribunal de Primera Instancia de Rabat ha condenado este martes al youtuber marroquí Mohamed…