Los vecinos del Príncipe Alfonso y Felipe llevan aguantando semanas sin servicio de limpieza. Son claras víctimas de una situación empresarial que se les escapa, una situación de la que sin ser responsables les salpica de lleno. De la falta de limpieza se llega a situaciones tercermundistas como es el hecho de que no se pueda transitar por algunas aceras debido a la acumulación de residuos o que algunos desaprensivos terminen quemando contenedores lo que empeora aún más el día a día de los vecinos de bien, los que se levantan a diario para trabajar y se sienten marginados, excluidos por un sistema que parece que les deja de lado.
Si hay servicio de limpieza en el centro de Ceuta también lo debe haber sin excusas en el barrio del Príncipe. Si un barrendero se esmera en tener bien la Gran Vía, de igual manera otros deben operar en los distintos barrios de la ciudad sin excepción.
La incertidumbre que se mantiene en torno al futuro de gestión de la empresa o el estado del contrato forma parte de una esfera que no debe repercutir en un vecindario cansado, harto de tener que vivir rodeado de basura y expuesto a que además los actos vandálicos de algunos individuos empeoren la situación general de todos. El comentario fácil es el de culpar a todo el barrio por lo que sucede. En este caso no se está cumpliendo con la igualdad y no discriminación de un servicio que debe ser como todos y que no debe sufrir situaciones extremas como las que se registran.






