Ser acusado sin pruebas es toda una odisea kafiana. Defenderte de algo que no hiciste, pasar por el calvario de una duda acusatoria, tener que dejar el trabajo, estar a expensas de padres, madres, equipos directivos, inspección y juzgados.
Ahí es cuando el sistema te abandona: eres arrojado al mar y deberás luchar contra las inclemencias, contra una riada de sospechas insoportables, contra las amenazas de alumnos desairados y crecidos por el impulso de saber que en la batalla ellos cuentan con apoyos fundamentales para vencer.
La presunción de veracidad del docente se deja en mantillas cuando la desconfianza del sistema te señala con un dedo acusador que te desmorona.
Palabras sacadas de contexto, cualquier comentario mal interpretado, un examen calificado con baja nota, saber que alguien se ha copiado pero sujetarse a que no lo viste. Luego los padres amenazantes, airados, enfurecidos por la versión de sus hijos sin tener en cuenta las explicaciones del profesor.
Si suspendes mucho, si apruebas mucho, si “yo he puesto lo mismo que mi compañero y a él le has puesto más nota”.
Revisiones de exámenes impugnados por los padres, intervención de la Dirección e Inspección: no se ajusta a la progración, no quedan claros los criterios, no refleja exactamente una situación de aprendizaje, no se ha aplicado un criterio teniendo en cuenta el diseño de la unidad didáctica.
Insultó a mi hija, le dijo tonta, que no se entera, que se saliera de la clase y ella no quiso, que no molestara, que no hace nada... La niña llora porque el profesor le ha faltado al respeto.
Luego asuntos más graves: la cogió del brazo, la empujó, la rozó...
Y pasará que te podrán meter una bomba en tu carrera docente: abusos sexuales, comportamientos indecentes, acusaciones de todo tipo. De nuevo padres, Dirección, Inspección, juzgados, suspensión temporal del trabajo, juicios que se celebran a los 4 años. ¿Dónde están las pruebas? ¿Por dónde andan los indicios?
Profesores agredidos, insultados, coaccionados, rodeados en una emboscada imposible.
¿Dónde están nuestros defensores? ¿A quién pedir amparo? ¿ Quién no escucha cuando nos impiden que realicemos nuestro trabajo?
Presiones por las notas, profesores insultados por la calle, acoso laboral, bullying de una parte de la comunidad educativa...
Y vuelve a clase de nuevo, vuelve a pedir silencio, vuelve a poner partes, vuelve a aguantar risas, falta de respeto, ruídos ocultos.
Si pierdes la paciencia el sistema se ensañará contigo, si pides ayuda te acusarán de no saber llevar una clase, si llamas a los padres te dirán que tienes manía a su hijo, si lo expulsas de clase sabes que el alumno volverá al minuto: “debes ponerle un parte pero no puedes expulsarlo”.
He visto a compañeros llorando, he presenciado a padres cargando con el profesor, sabemos de agresiones psicológicas reiteradas, de profesores desencajados cuando tienen que entrar a un aula. Si lo denuncias serás denunciado porque no vales para esto, porque no te impones, porque no controlas, porque, porque, porque., porque.
Prepara tu defensa para probar tu inocencia; serás culpable hasta que no se demuestre lo contrario y, aunque se se demuestre lo contrario, seguirás siendo culpable para muchos.
No estamos unidos, no curramos en equipo, no nos escuchamos y en un “ sálvese quien pueda” nos llegará la amarga sensación de soledad de tener que guardar silencio, hacer la vista gorda o sentir que se rompe el alma cuando llegas a casa y que mañana tendrás que volver de nuevo.
¿Cuántos huelgas de un día entero hemos hecho en Ceuta por estos asuntos? ¿Qué apoyos sindicales hemos tenido? En 23 años que llevo en Ceuta ninguno.
El derecho a la educación está por encima de todo.






