En no pocas ocasiones se nos ha hecho la observación que, tanto este “A QUEMARROPA”, como su sección hermana “H2SO4”, nunca traen temas “amables”.
Aunque siempre argumentamos que la actualidad no da mucha tregua, en esta ocasión vamos a intentar ponerle, todos los viernes, una sonrisa ocurrente al gris de la realidad. No será fácil, pero el reto merece la pena.
Charles Darwin (1809-1882) fue el naturalista británico que cambió la perspectiva de la evolución del ser humano. Opuesto frontalmente a las tesis de la Iglesia, Darwin justificó, en su ya famosa obra “El origen de las especies”, la evolución biológica de los seres vivos. Hoy, en pleno Siglo XXI, todavía algunos inquisidores se atreven a contradecir esas tesis. De aquí a que nos quieran convencer de que los bebés vienen con las cigüeñas queda nada. Al tiempo.
Pero vamos a lo nuestro.
1985 es un año importante. España y Portugal firman los tratados de adhesión a la UE, en Estados Unidos se arrestan un importante número de espías y Jennifer Rush triunfa con su canción “The power of love”. Como diría mi alumnado del Instituto de Idiomas de Ceuta, pleistoceno en estado puro.
Así, en medio de las grandes citas de la Historia, un grupo de cachondos inicia una curiosa andadura. Desde la incipiente red de redes norteamericana de entonces, y más concretamente en USENET (algo parecido a los actuales foros), se organiza poco a poco un premio que pretende galardonar a acciones absurdas, fruto del empeño del ser humano en realizar cosas carentes del más mínimo sentido común. Acaban de nacer los “PREMIOS DARWIN”.
Para que se conceda un “DARWIN” (que viene a ser el Oscar a la imbecilidad aplicada) deben darse dos condiciones: que la, o el, interfecto no pueda ya reproducirse después de la acción acometida. Bien por muerte, bien por esterilización. Para no dejar lugar a equívocos, se llega incluso a rizar el rizo tras los avances en inseminación artificial especificando que: “Si la persona es incapaz de reproducirse en una isla desierta con un miembro fértil del sexo opuesto, él o ella será considerado estéril”, y por lo tanto, posible ganador o ganadora. Todo un plan.
Por países, el primer puesto del ranking de “PREMIOS DARWIN” es Estados Unidos, probablemente para sorpresa de nadie, con 196 galardones. Lejos detrás está el Reino Unido con 26, Australia con 13, lo mismo que Canadá. “Por lo que sea”, los hombres son una inmensa mayoría en el ranking de ganadores.
Aunque sólo sea para corroborar lo que afirmaba el dialoguista francés Michel Audiard: “La diferencia entre un asesino en serie y un gilipollas es que el asesino en serie, a veces, se toma un descanso”, veamos, pues, algunos ejemplos de “PREMIOS DARWIN”.
1987.- Estados Unidos. Un entusiasmado fotógrafo salta de un avión para inmortalizar a sus compañeros paracaidistas mientras bajan, pero se le olvida el paracaídas.
1989.- Francia. Un hombre tiene la intención de suicidarse, pero no quiere fallar. Ingiere veneno, se ata una cuerda al cuello y prende fuego a su ropa. Inmediatamente después, salta de un acantilado y mientras cae se dispara a la cabeza, pero calcula mal y rompe la cuerda de un balazo y cae al mar. El agua, lógicamente, apaga el fuego y, como consecuencia de la ingestión de agua salada, vomita el veneno. Unos pescadores lo rescatan y lo trasladan a un centro sanitario…donde muere por hipotermia.
1992.- Estados Unidos. Se mata accidentalmente cuando, al despertarse con una llamada a su teléfono, confunde el móvil con su revolver Smith & Wesson 38 Especial que también estaba encima de la mesilla de noche. Este “PREMIO DARWIN” cree contestar cuando, en realidad, se dispara en la cabeza mientras intenta responder a la llamada.
1995.- Egipto. Cinco personas mueren ahogadas al introducirse en un pozo de agua de 20 metros de profundidad e intentar salvar una gallina. La gallina acabó saliendo por sí sola.
En 1989 en Francia, un hombre
1996.- Estados Unidos. Muere de un disparo al intentar ver, con la llama de un mechero, lo que había en el interior del cañón de una pistola cargada.
2001.- Croacia. Muere tras hacer malabarismos con granadas de mano activadas, mutilando gravemente, además, a 7 espectadores.
2003.- Brasil. Fallece en un depósito de combustible tras intentar comprobar, con un mechero (encendido, claro) si aún quedaba material inflamable.
2006.- Gabón. Un pastor evangelista muere ahogado tras anunciar a su congregación que iba repetir el milagro de Cristo andando por las aguas.
2007.- Estados Unidos. Fallece por intoxicación etílica tras introducirse, vía anal, dos botellas de 1,5 litros de vino de Jerez.
2008.- Estados Unidos. Una pareja muere tras caer de un tejado mientras hacía el amor.
Y esto es sólo una pequeña muestra, claro. Existen muchos más Premios Darwin, los consignados y los no referenciados, que son infinidad, como bien sabe usted.
Mi mañica preferida aseguraba que si los tontos (y las tontas, claro) entrasen en órbita, la Tierra se parecería a Saturno, pero a lo bestia.
Ya lo decía el actor Lino Ventura, “los tontos se atreven a cualquier cosa, y por eso precisamente se les reconoce”. Sin importar clase ni posición social. Les invito a corroborarlo porque podría ser que alguno, o alguna, que se cree importante corresponda a la descripción de Ventura.
Le deseo suerte en el recuento, porque mucho me temo que los y las “PREMIOS DARWIN” abundan, y mucho.






