Han sido muchas las ocasiones en las que he criticado o compartido críticas dirigidas a Podemos. Siempre,... también, he rechazado los ataques gratuitos a la formación de Pablo Iglesias a la que hay gente que parece señalar como instigadora de todos los problemas que afectan a este país. Me parece, y así lo mantengo, que al menos este partido con unos diez meses de vida y que no gobierna en ningún sitio, se
merece respeto y, desde luego, el beneficio de la duda. Y más, cuando concita tanta ilusión entre la ciudadanía. Sin embargo, entiendo que hoy se merece una fundamentada reprobación por las declaraciones de su dirigente, Luis Alegre. Ya me pareció un tanto ingenuo ante los ataques reiterativos y repetitivos de Eduardo Inda, ese periodista de El Mundo y La Sexta que cada vez que abre la boca se granjea la animadversión de más ciudadanos. Supongo que los lectores le buscan. Allá ellos y él.
Pero esta mañana Alegre, en su ingenuidad o falta de tablas ha venido a reconocerle a Pepa Bueno que su partido carece de programa electoral para los comicios andaluces. Pero, peor aún, es que ha llegado a insinuar que probablemente se presenten “sin programa”. Y ha basado esta posibilidad en que “sabemos que no vamos a ganar como parece que sí lo haremos en Valencia, Madrid y Asturias”. De verdad que cuando he oído semejantes declaraciones mi perplejidad ha tocado techo. No voy a hacer sangre porque Luis Alegre, con lo manifestado, se ha explayado en una clave absolutamente impropia de un partido serio. Una falta de respeto tremenda a los andaluces que, masivamente, en la medida en que la distancia supuso un gran obstáculo, se desplazaron a la gran manifestación de Podemos en Madrid. Igual que Podemos no concurrirá a las municipales en solitario y sin utilizar su ‘marca’, lo mismo deberían hacer con las andaluzas. Los indicios que se vienen sucediendo en torno a estos comicios están poniendo de manifiesto que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, se ha precipitado al anticipar las elecciones en esta comunidad (resido en Andalucía). Tanto es así que el resultado de las encuestas puede, incluso, derivar en otra convocatoria más. Sólo hay que recordar las propias palabras de la Díaz después de romper el pacto con Izquierda Unida y llamar a sus paisanos a las urnas. “No pactaré ni con el PP ni con Podemos”. Semejante temeridad solo se sustentaría en una ciega seguridad de la presidenta de la Junta de que va a ganar por mayoría absoluta estos comicios. No parece que vaya a ser así. El PSOE, sí, será la fuerza más votada pero el PP y Podemos estarán cerca. En definitiva, probablemente la lideresa andaluza se encuentre muy arrepentida. O tal vez donde dije digo, digo Diego y, la falta de programa de Podemos, proclamada esta mañana, sirva para armar un pacto sin demasiados problemas entre los de Iglesias y los de la Díaz. Podría ser. ¿Por qué no? Y si no un pacto formal, al menos negociaciones puntuales con los nuevos socialdemócratas cuyos primeros diputados en el Parlamento Andaluz comenzarían a soltarse en el territorio de la toma de decisiones de un gobierno. En este caso el Gobierno de la Junta de Andalucía. ¿Estaría detrás de las, para mi, sorprendentes declaraciones de Luis Alegre un posible preacuerdo entre el PSOE y Podemos? De no ser así, Pablo Iglesias y sus huestes se reirían de Andalucía de no presentarse con programa a las elecciones y también de no explicar antes de esos comicios, repito antes, la teoría que acabo de dejar aquí o alguna otra parecida. Y Alegre (en la foto) de ingenuo tendría poco.






