Al Pino bicentenario,
que estás en el cielo y en la tierra,
en el barro, en la ladera del Calamocarro.
Amaneceres, cielos estrellados, soplos de Eolo, lluvias, tormentas
y rayos de cien años.
Un siglo oteando el horizonte,
un siglo de historias,
un siglo de sombras del verano.
Anidas pájaros, abrazas con
tus ramas que son brazos.
Dibujas el aire de tronco inclinado.
Besas el suelo con tu silueta de manto.
A tí, pino sabio, pino silencioso, callado, expectante, guardián del Calamocarro.
Hundes tus raíces, pero salen a la luzç en un suelo erosionado.
Reivindican, gritan, piden ayuda,
lloran por su árbol,
por la vida que se va apagando.
¿No se acuerda Ceuta de tus de tus dos siglos, de tus 200 años?
¿Quieren derribarte en el ocaso?
Tú qué has vivido guerras, que guardas
en tu memoria generaciones de ceutíes
que de ti se enamoraron.
Tú que has sufrido el fuego, tempestades
y sequías, inviernos blancos.
¿Te mueres? ¿Te dejarán morir en
los confines del Calamocarro?
¿Quién salvará a este hermano verde,
ya encorvado?.
¿Quién te dejará marchito y desolado?
¿Quién llorará si eres desterrado?
¿Te quedarán fuerzas para llamar al Atlántico y al Mediterráneo?
¿Dónde están esos políticos, dónde
están los que parlotean en vano?
¿Dónde buscarlos?
¿Dónde guardaron las promesas
para rescatar al pino bicentenario.
¿Dónde duermen esos descastados?
¿Dónde encontrarlos para llevarlos ahí, junto al pino anciano, junto al viejo sabio, junto a la hojarasca arremolinada a los lados?
¿Serás como el Olmo del Duero, como el árbol de Guernica o como el Drago?
Pongamos nuestras manos,
soplemos el aliento derramado,
Reguemos con el agua del arroyo
al pino de cuentos de años.
Mirémosle a sus ojos aciculados.
No te derribarán, no podrán arrancarte todos los amaneceres pasados.
No llegará la noche para el viejo sabio.






