No tardaron mucho. Llegaron al poder rodeados de la ilusión de muchos, de promesas de regeneración inmediata, de un nuevo tiempo, de cambios y de un futuro prometedor de libertades y derechos.
De esos derechos de los que decían que habían sido amputados, cercenados, mutilados por la derecha en el gobierno. Este tipo de actitudes es habitual cuando la izquierda llega a recupera el poder: logran extender en el ambiente un olor a rosas y azahar propio de los momentos de felicidad vital. Confieso que llega a ser contagioso: "lo hemos conseguido: hemos recuperado lo que es nuestro y lo que el pueblo, el verdadero pueblo, desea". Pero también es habitual que no se demoren mucho en retornar a sus prácticas más características, aquellas que adjetivan su discurso y las que les hace padecer achaques de sectarismo crónico del que nunca logran recuperarse. Cronifican el rencor.
En Madrid está pasando. La recién elegida (en un pacto entre perdedores) alcaldesa ha anunciado su intención de revisar el callejero para aplicar con rigor la Ley de la Memoria Histórica y depurarlo de conspicuos fascistas que puedan recordar a Franco, al golpe de estado del 36 o los cuarenta años posteriores al mismo. Aunque Carmena todavía no ha hecho pública la lista de esas calles cuyos nombres piensa modificar ni tampoco el coste de tal medida, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica posee el listado, realizado por el historiador Antonio Ortiz Mateos, con las más de 200 calles que cumplen con los requisitos que establece la Ley. La lista, la más extensa hasta ahora, incluye no sólo a políticos franquistas o a generales que lucharon junto a Francisco Franco, en ella también hay artistas, periodistas, escritores y personas que murieron incluso antes de que comenzara la dictadura. Todo un gran ejercicio de celo sectario. Ya les decía.....llegaron con fiesta y acaban de anunciar que su primera preocupación es acordarse de los muertos. Un tema poco festivo es cierto, pero que para ellos es un asunto de continua actualidad aunque esos fallecidos hayan vuelto a ser el polvo que un día todos seremos. La idea de recuperar ahora su sectaria memoria histórica es su definitiva aportación para separarse del espíritu de la Transición, para distanciarse de la reconciliación y del respeto a la Historia, para trazar una línea roja que separe a los muertos de uno u otro bando. Porque para estos demócratas de rancio abolengo no todos los muertos son iguales. La nueva cruzada ideológica es liberar a las calles de Madrid de placas dedicadas a perversos franquistas. Y, faltaría más, por supuesto solo se van a tocar esas. Aquellas que puedan recordar los crímenes y barbaries del otro bando...esas no se tocan. Al fin y a la postre, esos eran los buenos del triste cuento, los que combatían por ideales progresistas, los que perdieron una guerra pero que ahora la tienen que ganar.
Todo es tan absurdo que movería a la risa si no fuera porque estamos hablando de dolor, de mucho dolor. No se trata exclusivamente de desmontar placas de generales golpistas, estamos hablando de eliminar además nombres de personas que fueron fusiladas por el terrible delito de ser de derechas, o que simplemente destacaron en su mundo profesional (artes, espectáculo, literatura) durante el régimen de Franco y sin ocultar su afinidad con el mismo, como hicieron por instinto de supervivencia o por elección tantos otros miles de españoles de esa época.
La guerra civil tuvo dos bandos fraternalmente crueles, dos orillas sangrientas y retaguardias oscuras que conocieron, ambas, el dolor y la muerte. Esas muertes trágicas generaron indescriptible sufrimiento en su entorno, en su familia y amigos, para los que ellos nunca serán los malos o los buenos de ese desgraciado episodio de nuestra Historia reciente. Serán simple y dolorosamente sus muertos. Y con ellos quieren jugar estos justicieros de Podemos. Se atreven a mencionar en un arrebato de locura al genio Salvador Dalí, al literato Muñoz Seca, o al productor teatral Alfonso Paso. Nos quieren pasar la factura de un pasado incivil que nuestros padres se esforzaron en enterrar bajo capas de concordia y de olvido generoso.
Existen realmente muchos otros problemas más importantes que abordar que el de los muertos de la Guerra Civil. No tiene más sentido que el que puede aportar el odio volver a recuperar momentos de crueldad que suenan a venganza tardía. España necesita de más acuerdo, de más consenso, de más dialogo, de más manos tendidas, pero no necesita de más picos de sepultureros que nos recuerden que un día andábamos matándonos los unos a los otros.
Construyamos el futuro. El pasado, aunque estos sectarios inciviles así lo quieran, no se puede reescribir.
Pero, ¿quiénes eran los personajes a los que habría que retirar sus calles? ¿Se podría considerar a todos franquistas? ¿Eran más bien de derechas?
En Ceuta sabemos bien lo que significa sacar adelante nuestras familias en condiciones muchas veces…
La reforma que permitirá a miles de profesionales integrados en mutualidades alternativas trasladar sus derechos…
El Mundial 2030, que organizarán conjuntamente España, Portugal y Marruecos, vuelve a estar rodeado de…
Apenas faltan unos días para que miles de jóvenes de Ceuta vibren en las Murallas…
Allí olería a azufre. Y es que Feijóo ha presidido, cual demonio hambriento de almas,…
La Delegación del Gobierno en Ceuta continúa avanzando en la planificación de la Operación Paso…