Creíamos que lo habíamos visto todo lo que podía hacer Trump: declarar guerras, poner aranceles a troche y moche, amenazar con anexionarse Groenlandia, insultar a presidentes de gobierno, autoindultarse, exigir el premio Nobel de la Paz, secuestrar al presidente de Venezuela, encarcelar a inmigrantes y aconsejarnos beber lejía para terminar con el COVID.
La petición de Trump a la FIFA para que le retiraran la tarjeta roja a Balogun, un jugador de la selección de EE.UU. desata tormenta política en torno al Mundial.
La tarjeta quedó suspendida. La FIFA hizo caso omiso del reglamento que prohíbe recurrir las tarjetas rojas.
Trump agradeció a FIFA su decisión por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia. El presidente de la Federación Internacional de Fútbol creó un Premio de la Paz para otorgárselo a Trump.
Y si esto se hace con luz y taquígrafos qué se hará en los bajos fondos del fútbol que no conocemos: comisiones, compra de árbitros, partidos amañados, corruptelas de todo tipo.
El juego limpio lleno de mierda, el deporte enfangado mientras los aficionados gritan goooooool, toman las calles, olvidan sus problemas y se sienten pletóricos de felicidad.
Pan y circo, fútbol y circo, Trump y circo, FIFA y circo, Rubiales y circo, árbitros y circo, tongo y circo.
Bélgica ganó 4-1 al equipo de Trump en los octavos de final. Lo mismo acusa a los Belgas de haberse comido al oso Yogui y de secuestrar al correcaminos, bip bip. GOOOOOOOOOOL.
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