El presidente del PP en Catalunya, Alejandro Fernández, ha advertido de que el acuerdo político sellado entre la UE y el Reino Unido para Gibraltar podría ser el anticipo de una futura “cosoberanía con Marruecos” sobre Ceuta y Melilla. Así lo ha expresado este miércoles a través de su cuenta en la red social X, en una publicación recogida por Europa Press.
“El acuerdo de Gibraltar anticipa los planes de Sánchez para Ceuta y Melilla: cosoberanía con Marruecos. Y nos lo venderán como un ‘triunfo histórico’. Lo que deben tener grabado en su móvil…”, escribió en una crítica directa al Gobierno.
Según Fernández, la gestión compartida del acceso a Gibraltar podría sentar un precedente preocupante para el futuro estatus de las dos ciudades autónomas.
La desaparición de la Verja de Gibraltar marca un antes y un después en las relaciones entre España y el Reino Unido. Un símbolo del aislamiento y la tensión política que durante décadas ha marcado la vida entre Gibraltar y La Línea de la Concepción llega a su fin.
El pacto alcanzado supondrá el fin de esta estructura física que ha separado a dos comunidades entrelazadas durante más de un siglo, abriendo una nueva etapa en la que la frontera como tal dejará de existir. Así lo han calificado ambas partes, en lo que ha declarado Albares en sus redes sociales como un “acuerdo histórico”.
La Verja de Gibraltar se colocó en 1909, tras una epidemia de fiebre amarilla en el Peñón. Para evitar contagios, España accedió a que se instalaran barracones en el istmo para aislar a los sanos. Lo que iba a ser temporal, se volvió permanente.
Gibraltar levantó entonces una estructura metálica fija que marcaba el paso fronterizo. Hasta ese momento, se usaban barreras de madera móviles. El istmo, no cedido en el Tratado de Utrecht de 1713, quedó así bajo control británico.
Allí se construyó más adelante un aeropuerto militar, hoy con uso también civil. La "Verja", un término utilizado para evitar la palabra “frontera”, se convirtió en un símbolo del contencioso entre ambos países.
El momento más duro llegó el 8 de junio de 1969, cuando el régimen de Franco ordenó el cierre total del paso. Fue su respuesta al nuevo estatuto de autonomía otorgado a Gibraltar por el Reino Unido, tras el referéndum en el que los gibraltareños rechazaron cualquier vinculación con España.
“Fue un disparate que hizo Franco, pensando que Gibraltar caería como una fruta madura con medidas de aislamiento”, dijo a EFE el exalcalde de La Línea, Juan Carmona.
Las consecuencias fueron devastadoras. Familias enteras quedaron separadas. Solo podían comunicarse gritando a través de los cien metros que separaban ambos lados.
“Lo peor de todo era estar tan cerca. La casa de mi abuela estaba a diez o quince minutos caminando de la mía, y no podíamos ir. Era como un muro de Berlín en el sur de Europa”, recordaba el periodista gibraltareño Francisco Oliva.
Durante esos trece años, Gibraltar no se rindió. “Se echó en brazos del Reino Unido, que se convirtió en su protector”, explicaba Carmona. El Peñón intensificó su identidad británica y muchas generaciones posteriores apenas conservan vínculos con la cultura o el idioma español.
La Línea, por su parte, perdió la mitad de su población. Unas 5.000 familias se marcharon, muchas de ellas a Londres.
La reapertura llegó el 15 de diciembre de 1982, con el gobierno de Felipe González. En su primer Consejo de Ministros se acordó permitir de nuevo el paso de peatones. Dos años más tarde se reabrió al tráfico rodado.
Desde entonces, los problemas en la frontera han sido recurrentes. Las colas interminables reflejaban las tensiones políticas entre España y Reino Unido. En 2013 y 2014, la Unión Europea tuvo que intervenir.
Desde entonces, los conflictos en el paso han sido constantes. Las colas kilométricas fueron durante años un reflejo directo de las tensiones diplomáticas. En 2013 y 2014, la Unión Europea intervino con misiones técnicas.
Más de 15.000 personas cruzan a diario este paso, entre ellas unos 10.000 trabajadores españoles. También lo hacen unos 200 camiones.
El principio de acuerdo que se firmó el 31 de diciembre de 2020 ya preveía un nuevo escenario. Cuatro años y medio después, se ha hecho oficial.
“Es un hito, no solo simbólico. Será transformador para las relaciones”, asegura el historiador Jesús Verdú.
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