El Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante acogerá este miércoles la IV Jornada Internacional sobre ‘El exilio republicano en el norte de África: Historia y testimonios’. Un evento de gran magnitud en el que estará representada Ceuta de la mano de Paco Sánchez Montoya.
Este historiador caballa, cuyas investigaciones se centran en la Historia Contemporánea de Ceuta y su entorno, especializándose en la Segunda República, Guerra Civil y Masonería, se ha desplazado hasta la Comunidad Valenciana para aportar su granito de arena en esta cita.
Concretamente, la ponencia de Paco Sánchez lleva por título ‘Desde el Stanbrook (Alicante), a la fosa de Ceuta en 1944’.
Según él mismo ha detallado, la historia que contará se remonta al año 1939, cuando “miles de españoles se encontraban el 28 de marzo de 1939 en el puerto de Alicante, entre ellos los jóvenes Antonio Reinares Metola, José Congost Plá, Ramón Valls Figuerola y Adelo Aguado”.
Camino del exilio
Todos, “aguardaban un barco que les permitiese abandonar España, camino del exilio zarpando hacia Orán (Argelia)”. Este viaje lo harían en el buque Stanbrook, una referencia mítica del exilio español, que consistía en un pequeño barco carbonero fletado por la Federación Provincial Socialista de Alicante.
Lo que no se imaginaban estos jóvenes es cuál sería su final: “Cinco años después estos tres alicantinos fueron fusilados ante los muros de la fortaleza del monte Hacho y enterrados en la fosa común de Ceuta”, señala Paco Sánchez.
Los jóvenes consiguieron llegar a Orán después de abandonar su país natal. Después de un viaje largo y “muchas penurias”, lograron “establecerse en el Marruecos francés, concretamente en Casablanca, donde organizan una resistencia al régimen, con la creación de la denominada Unión Nacional Antifascista (U.N.A.)”, cuenta el historiador Paco Sánchez.
Luchar contra el franquismo
Más tarde, “pensaron que Tánger podía ser un buen lugar para comenzar a luchar contra el franquismo contando con el gran número de republicanos que vivían allí”. Sin embargo, nada sale como tenían previsto.
“En junio de 1940, Franco tomó la ciudad y los mencionados republicanos se ven indefensos, por lo que requieren les envíen algún delegado desde Casablanca para reforzar la resistencia a la dictadura”, detalla Sánchez.
Fue un año más tarde, el 10 de agosto de 1941, cuando se desplaza a Tánger José Congost y “como el trabajo de captación va en aumento, el recién llegado requiere nuevamente de Casablanca el envío de otro delegado más y a los pocos meses llegó Antonio Réinales”.
Asimismo, cuenta Paco Sánchez, “en septiembre de 1941 se envían dos nuevos dirigentes desde Casablanca, Adelo Aguado Hidalgo y Ramón Valls Figuerola; éstos asumen mayores y más amplias atribuciones y, sobre todo, el propósito de abrirse camino hacia Ceuta”.
El viaje fatal
Uno de ellos, Adelo Aguado, se vio obligado a realizar un viaje a Madrid para mantener algunas reuniones. Sin embargo, “fue detenido y llevado a la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, y tras duros interrogatorios se le acusó de atentar contra la seguridad del Estado y fomentar la organización de partidos políticos”.
Esto derivó, según detalla el historiador, en la celebración “de un consejo de guerra sumarísimo” y Aguado “fue ejecutado a garrote vil el 28 de mayo de 1942 en Madrid”.
Su detención trajo consigo “que las autoridades franquistas comiencen a encarcelar a los demás miembros que se encontraban en Ceuta y Tánger. Todos son enviados a Ceuta, los hombres a la fortaleza del Hacho y las mujeres a la prisión del Sarchal”.
Tras ello, se celebró un consejo y “después de siete días de vistas y declaraciones se aprobaron las múltiples condenas, destacando las penas de muerte a los alicantinos, José Congost Plá, Antonio Reinares Metola y Ramón Valls Figuerola”.
La vida de estos hombres llegó a su fin “el 18 de agosto de 1944, a la siete de la mañana, cuando fueron fusilados en los muros de la fortaleza militar del Monte Hacho”, relata Paco Sánchez.
El punto y final
Los cuerpos de estos jóvenes fueron tirados a una fosa común, pero en noviembre de 1949 “José Guerrero Garrido abonó el traslado de los restos de estos tres republicanos a un nicho”.
“Como detalle significativo, en la lápida donde se tallaron sus nombres, se dibujó en grande y justo encima una gran estrella de cinco puntas, símbolo de las Juventudes Socialistas Unificadas, que todavía continúa en el cementerio de Ceuta”, concluye Paco Sánchez.
Actualmente, señala, esa lápida se puede visitar en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta.
Venía a quejarme de estos falsos historiadores que proliferan cada vez más solo por haberse leído tres panfletos y escuchado a dos señores que dicen haber hecho o haber sido, pero veo que los comentarios están plagados también de personajillos buscando dárselas de intelectual al mismo nivel que el protagonista del artículo, sin duda es tan divertido como penoso, siento desconsuelo por el futuro de la ciencia que tanto da a los que quieren atenderla y que tantas veces es mancillada por la incompetencia y la pedantería sin intelecto que la defienda
Por lo visto los rojos eran unas bellísima personas, no cometieron nigún delito con tantas criatura que mataron solo por ir a misa o ser Catolicos
Aunque en uno de los últimos párrafos se afirma que los tres fusilados en El Hacho eran alicantinos, Antonio Reinares Metola era natural de La Rioja.
Podías hablar también del exilio de los vascos en los años 80 y posteriores a causa de EB y su brazo armado. No se, es más reciente...
EB=El Beso.
Con todo lo que sabe este hombre y que nunca publique nada del Tajo de Ronda,de los que huyeron de Osuna a Ceuta donde encontraron estabilidad a pesar de ser contrarios a Franco, incluso trabajaron en cuarteles sin ser militares y de los fusilamientos y atrocidades de los dos bandos. Para éste,como para otros, solo hubo un bando malo. Pichita sé más justo y te decides a contar algo de las visitas que recibían los etarras en Los Rosales. Ah, ¿ qué hubo terroristas en Ceuta?
Queania con resucitar una contienda de hace casi 90 años
La manía es la de los que se creen que los muertos se olvidan.
El que olvida a sus muertos (máxime si no ha podidodespedirse o encontrarlos) es un auténtico chacal.