Septiembre de 2021. La Ciudad anuncia que tiene que reformar el polideportivo Santa Amelia para que pueda volver a su uso tras servir de acogida a menores en plena pandemia. Nos cuentan que esa reforma costará 300.000 euros.
Septiembre de 2023, nos ‘venden’ en una nota de prensa el maravilloso estado en que ha quedado el pabellón. Lo visitan miembros de la Ciudad Autónoma y de la Federación para dar el visto bueno.
Octubre de 2023, solo un mes después: la Federación comunica que las pistas del ‘Santa Amelia’ van a tener que ser reemplazadas después de que varios técnicos hayan visitado el pabellón para hacer un estudio y consideren que hay que acondicionar la pista.
No sé qué interpretación alejada de la más pura metedura de pata puede hacerse de esta relación hechos. Sorprender no sorprende, porque ya desgraciadamente estamos acostumbrados a ver cómo hacen una obra sobre otra, cómo construyen y derriban de inmediato porque lo han hecho mal o cómo hacen reformas sin asesoramiento alguno que terminan siendo una manera disfrazada de lo políticamente correcta parar tirar dinero público a la basura.
Cuando se decidió la reforma del pabellón y se acordó la inversión que iba a llevarse a cabo, ¿con qué asesoramiento se contó?, ¿a quién se consultó para hacer las actuaciones?, ¿cómo es que hubo una visita de la Federación al lugar y no se dijo nada?, ¿nadie supervisó la manera en la que se actuaba sobre la pista y si serviría para el fin previsto?
Es evidente que alguien no hizo su trabajo y ahora habrá que enredar otra vez el ovillo de los despropósitos con informes, técnicos, valoraciones… Eso ya saben se traduce en dinero.
Solo les voy a hacer una pregunta. Si este tipo de inversiones se tuvieran que hacer en el ámbito privado ¿se incurriría en este mismo descontrol?, ¿se tendría el mismo comportamiento? Parece que con lo público todo vale hasta el punto de mostrar en sociedad el ridículo que se es capaz de hacer.






