Las obras que se ejecutan en la barriada de Hadú han desatado un profundo malestar entre vecinos, taxistas y comerciantes, así lo ha trasladado el presidente de la asociación de vecinos de la barriada Hamido Mohamed, Frugui.
Lo que en principio se presenta como una actuación para mejorar la movilidad y el entorno urbano se ha convertido, según denuncian desde la asociación vecinal, en un problema de incomunicación, desorganización y pérdidas económicas.
“Nos han encerrado”, dice con contundencia Frugui, quien asegura que la situación está afectando gravemente al día a día del barrio.
Frugui explica que en los últimos días ha recibido numerosas llamadas tanto de profesionales del taxi como de comerciantes y residentes.
Una de las principales quejas gira en torno a la reubicación provisional, y mal señalizada, de la parada de taxis.
Los taxistas exigen su sitio en la calle Romero de Córdoba, ahora se ha desplazado hacia Bermudo Soriano, una decisión que, según el representante vecinal, no responde a las necesidades reales del barrio.
“Los taxistas no saben dónde parar. No hay señalización clara y los coches no pueden aparcar bien. Al final, los taxis están parando donde pueden, a la derecha, a la izquierda, donde les dejan”, relata.
Esta situación no solo genera desorden en la circulación, también inseguridad para peatones y conductores.
El presidente vecinal insiste en que la solución sería sencilla: trasladar unos metros los contenedores de basura y restituir la parada a su ubicación habitual.
“En Romero de Córdoba hay sitio. Solo tienen que mover los contenedores un poco más arriba y la parada volvería a estar como antes”, señala. Sin embargo, pese a que se había prometido estudiar la propuesta, el problema persiste.
La reubicación también está afectando a personas mayores y vecinos de barriadas cercanas, como la zona de la iglesia de San José o el entorno del cuartel de Regulares.
“Esos vecinos no pueden irse hasta Bermudo Soriano para coger un taxi. Su sitio es Romero de Córdoba, ahí es donde lo piden y donde lo necesitan”, recalca Frugui.
Pero la situación va más allá del transporte público. Uno de los aspectos más preocupantes es la dificultad de acceso para vehículos de emergencia.
Según ha denunciado la asociación, las ambulancias no pueden entrar con normalidad en determinadas calles y deben dejar a los pacientes en puntos alejados de sus domicilios.
“Las ambulancias dejan a la gente en las puertas del cuartel de Regulares y tienen que llegar con el carrito hasta su casa. Imagínate personas mayores o con movilidad reducida, teniendo que recorrer esa distancia”, lamenta.
El encierro es, para muchos residentes, el problema central. “No podemos entrar ni salir con los coches. Está todo muy incomunicado”, insiste Frugui.
Aunque se anunció la apertura de una vía provisional desde la farmacia hasta el mercado de Hadú, dos semanas después la calle sigue cerrada.
“Nos dijeron que la iban a abrir hace una semana. Seguimos igual. Va todo muy lento, muchísimo más de lo previsto”, critica.
El impacto económico tampoco se ha hecho esperar. Los comerciantes hablan ya de caídas significativas en las ventas. Según el presidente vecinal, algunos negocios han registrado pérdidas de entre un 35%.
El caso más reciente es el de la zapatería de Jesús, quien ha decidido cerrar y poner el local en traspaso. “Es una pena. Ya ha cerrado Jesús, el de la zapatería. Así no se puede seguir”, comenta con preocupación.
Los comerciantes, además de soluciones en materia de accesibilidad, reclaman mayor presencia policial.
Denuncian que motocicletas circulan por las aceras con frecuencia, aumentando el riesgo para los peatones. “Las motos pasan por la derecha, por la izquierda, por las aceras. Falta seguridad”, subraya Frugui.
A todo ello se suma la incertidumbre ante la llegada de la Semana Santa. Algunas hermandades estudian modificar sus recorridos procesionales, afectando a zonas como Lisboa, Bermudo Soriano o Plaza Nicaragua.
Aunque todavía se está valorando, el temor es que los itinerarios tradicionales se vean alterados por las obras.
Más allá de los problemas puntuales, el presidente de la asociación ha advertido de un problema mucho más profundo: la decadencia progresiva del barrio. “No tenemos joyería, no tenemos tiendas de ropa para jóvenes ni para mayores. Antes subía gente del centro a comprar aquí, ahora no podemos ofrecerles nada”, afirma.
Algunos vecinos, según relata, optan por marcharse a vivir fuera, incluso al otro lado de la frontera, ante la falta de servicios y oportunidades.
Al fin y al cabo, “los comerciantes cierran y se van a su casa. Pero los vecinos somos los que estamos aquí todo el día, los que estamos tragando todo esto”, reflexiona. La sensación general, dice, es de abandono. “Nos han encerrado”, reitera.
Desde la asociación vecinal reclaman mayor agilidad en la ejecución de las obras, cumplimiento de los plazos prometidos y soluciones inmediatas para la parada de taxis y el acceso de ambulancias.
Mientras tanto, Hadú vive entre zanjas, desvíos y la incertidumbre de no saber cuándo recuperará su normalidad.
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